Las pinturas de la Tía Chula y la Puerta del Sol



La danza de mirar fijamente al sol

La danza del chamán de Oliete cuando el sol pasa por la roca en los equinoccios es una 'danza del sol', figura que encontramos en otras culturas.


El chamán de Oliete danzando, con su cabeza de ciervo



La danza del sol es originaria de los indios norteamericanos (EEUU y Canadá), particularmente de los sioux lakotas. Con el tiempo, se ha ido extendiendo a México y otros países de Sudamérica (Colombia, Brasil…). Se hizo famosa en todo el mundo gracias a la película ‘Un hombre llamado caballo’, interpretada por Richard Harris.

la danza del sol de los indios de las praderas gira en torno a la figura del bisonte. Este es un animal sagrado para estas tribus, pues constituía la base de su alimentación. La danza tenía lugar entre los meses de julio y agosto, justo antes de la llegada de las manadas de bisontes. Un cráneo de este animal presidía toda la ceremonia.

El chamán decía las siguientes palabras: "iWakan Tanka, ten misericordia de nosotros!, ¡queremos vivir! Esta es la razón por la que hacemos esto. Dicen que viene una manada de bisontes; ya están aquí. El poder del bisonte viene a nosotros; ¡ya está aquí! (...) ¡Wakan Tanka, miranos! El más próximo a los que andan en dos pies, el jefe de los que andan a cuatro patas, es tatanko, el bisonte. Aquí está su cráneo seco; al verlo sabemos que también nosotros nos convertiremos en cráneos y esqueletos y de este modo caminaremos juntos por el camino de regreso al Gran Espíritu (...). Aquí en la tierra, vivimos con el bisonte y te estamos agradecidos por ello, pues él nos da nuestro alimento y hace dichoso al pueblo, es nuestro pariente... ¡Oh bisonte, tú eres la tierra!”. Wakan Tanka se identifica con el sol, y es la expresión de lo sagrado, algo que los misioneros occidentales llamarían ‘el Gran Espíritu’. Se produce una identificación entre lo sagrado, el sol, Wakan Tanka y el bisonte como fuente de vida.

En lengua lakota la ceremonia se llama wi wanyang wacipi  o "danza de mirar fijamente al Sol”. En algún momento, la danza se ejecutaría mirando durante unos segundos al sol, una técnica que se conoce desde hace milenios. Contemplar un punto de luz tiene una serie de consecuencias sobre nuestro cerebro: se trataría de conseguir la "activación sutil que produce la luz interior creada cuando se mira fijamente un punto de luz, que en este caso se utiliza como canal de luz para la comunicación con la fuerza del universo en un éxtasis de sacrificio y agradecimiento" (1)

La danza es un acto de ‘renovación del mundo’ y un rito de fecundidad. Duraba cuatro días con sus cuatro noches, durante los cuales se danzaba sin cesar y con un ayuno total en comida y bebida. En el cuarto día, el chamán practicaba dos cortes justo encima de las tetillas de los danzantes introduciendo luego unas púas de madera que iban sujetas al poste mediante una cuerda; el danzante se dejaba caer y la carne se desgarraba. El ayuno y el sacrificio son la aportación esencial de los danzantes a esta ceremonia, como ofrenda a Wakan Tanka para conseguir la renovación del mundo (la renovación anual del ciclo del sol y, por consiguiente, del ciclo anual de los animales y de las plantas) y la supervivencia de la tribu. El líder indígena Alce Negro reproduce las palabras del danzante: "¡Oh Wakan Tanka, ten misericordia de mí, para que mi pueblo viva! Por eso me estoy sacrificando”.

La persona que había completado la danza del sol gozaba de un status especial en la tribu: era un danzante del sol.

La danza se realizaba en torno al tronco de un árbol de hasta 5 metros de altura, que se había puesto en vertical, a modo de menhir o elemento de unión entre el cielo y la tierra. En este caso, pues, el árbol era el centro del universo.

Para Wade Davis, “la danza de mirar al sol era con mucho el acontecimiento religioso más significativo de sus vidas. Era (...)un momento en que toda la tribu participaba de la divinidad del sol.” Clyde Holler dice que “asistir a la danza del sol es sentir el poder, acercarse al éxtasis religioso, experimentar por uno mismo la esencia de una religiosidad basada en el poder. La danza del sol barre con toda posible duda acerca de la existencia del poder sagrado en una arrasadora catarsis emocional” (1)


 La danza del sol de los indios de las praderas. Imagen: Internet 




Puntos en común entre la danza del sol de los indios de las praderas y las pinturas de Oliete

Sería un error suponer que en Oliete se hacía una ceremonia similar a la de los indios norteamericanos. No se puede extrapolar mecánicamente una ceremonia que se celebraba en otra parte del mundo. Por ejemplo, en Oliete no hay evidencia de ningún tipo de sacrificio ni tampoco sabemos -aparte del baile del chamán- qué rituales tenían lugar en nuestra localidad. Pero observamos algunos puntos en común que conviene resaltar para que, de esta forma, la danza de los indios de las praderas nos ayude a entender lo que se hacía en Oliete.


  • El elemento central tanto en Norteamérica como en Oliete es el sol. Equivale a lo que hoy identificamos como la divinidad o lo sagrado.

  • En Norteamérica gira en torno al bisonte (cráneo de bisonte); en Oliete, en torno al ciervo (la cabeza del chamán es un ciervo), ambos animales totémicos con los que se invoca al sol (Wakan Tanka, en el caso norteamericano) para conseguir la renovación del mundo (la  renovación del ciclo de los animales y de las plantas) y la supervivencia de la tribu.

  • La danza se ejecutaba en torno a un árbol, con las funciones de menhir o 'centro del mundo' en Norteamérica, mientras que las pinturas de Oliete están en una roca vertical a modo de menhir natural, que también ejercería las funciones de 'centro del mundo'.

  • El 'mirar fijamente al sol' es algo que en Oliete se puede hacer sin dificultad, observando el sol a través de la abertura de la roca. El mirar fijamente un punto de luz es una técnica que se ha usado desde milenios (actualmente se conoce como 'fosfenismo')  y que produce en el cerebro -a decir por los que lo practican- una alteración de la conciencia que crea imágenes, sonidos y sensaciones táctiles que facilitan la meditación y desarrollan la actividad intelectual.







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