Cantar de los Cantares, poesía erótica en la Biblia |
El Cantar de los Cantares, también conocido como Cantar de Salomón, es un poema que forma parte de la Biblia, en el Antiguo Testamento. Se trata de un texto breve, de 117 versículos.
Por su carácter erótico, no tiene nada que ver con el resto de libros de la Biblia. Describe la relación amorosa y sexual de una pareja en el antiguo Israel, en el que la mujer lleva la iniciativa. En ningún momento habla de la religión, la Ley, los profetas o Dios. Es, por tanto, un texto enigmático y singular, que llama la atención por el tema que toca. Se han hecho muchas interpretaciones, cada una bajo el prisma de ideología o religión correspondiente (judíos, cristianos, interpretaciones laicas…).
Ilustración del primer verso, un juglar tocando ante Salomón (Mahzor Rothschild del siglo XV). (foto Wikipedia)
Parece
ser que por el peso de la costumbre se ha mantenido dentro del canon
judío y luego dentro del cristianismo, sin que haya ningún motivo
que lo justifique, ya que ambas religiones se hallan muy lejos de la
aceptación de temas eróticos, especialmente si se relacionan con la
mujer.
El Cantar de los Cantares forma parte de la poesía erótica de las culturas de Oriente Medio |
Tanto en las culturas mesopotámicas como en Egipto encontramos textos eróticos en la primera mitad del primer milenio a.n.e., en los que sexo, religión y política aparecen entrelazados. Los matrimonios sagrados, rodeados de erotismo, forman parte con toda naturalidad de las religiones de estas culturas. En esta corriente cultural del Mediterráneo oriental, el amor se asocia con la fertilidad de la Naturaleza, de los animales, de las personas, y con la renovación estacional, como una forma de garantizar el ciclo natural de cada año que permite asegurar que la vida siga. Por lo tanto, no es de extrañar que estas creencias también aparecieran en la cultura judía.
En las religiones mesopotámicas se celebraba cada año el matrimonio de Ishtar (o Inanna) y Tammuz ( o Dumuzi). Con ello se simbolizaba la unión del cielo y la tierra y la garantía del ciclo agrícola y la fertilidad, con la muerte de la Naturaleza en invierno y su renacimiento en primavera, las cosechas abundantes, la fecundidad de los animales y la seguridad de la vida humana. No es casual, pues, que la historia que nos cuenta el Cantar se desarrolle en primavera, con el estallido de la naturaleza y la renovación de la vida.
«La sulamita», la amante, de Albert Joseph Moore (1864). (foto Wikipedia)
El matrimonio sagrado mesopotámico no es la consumación de un matrimonio tal como hoy lo entendemos; es tan sólo un ritual de fertilidad. Tammuz es un dios pastor e Ishtar es la diosa del Cielo, la guerra, la fertilidad y el sexo. Ishtar es la continuidad de las diosas femeninas – la Madre Tierra de la Prehistoria- en sociedades donde el patriarcado avanza imparable y la diferenciación en clases sociales ya es un hecho.
En el caso de Ishtar, estas religiones cuentan que tenía muchos amantes, a los que luego castigaba (libertad sexual: matriarcado; los castigos: la mujer como algo negativo, una forma de denigrar la actividad sexual de las mujeres, patriarcado). En todo el Próximo Oriente aparecen diosas semejantes.
Cada comienzo de la primavera, en el equinoccio de marzo, se escenificaba este mito con el acto sexual entre el monarca y la más importante de las sacerdotisas. Era el comienzo del año y así se aseguraba la prosperidad de estas sociedad hasta el equinoccio del año siguiente.
La llegada del invierno se explica porque Ishtar decidió bajar al mundo de los muertos para quitarle a su hermana Ereskigal el poder sobre la vida y la muerte. Era un acto de codicia y de soberbia. Pero la hermana acaba con la vida de Ishtar y ello provoca la reacción de los dioses, que logran resucitarla. Pero, a partir de este momento, su pareja Dumuzi o Tammuz ha de permanecer 6 meses al año en el mundo de los muertos (explicación mítica del otoño-invierno, cuando la naturaleza detiene su actividad) y los otros 6 meses sube a la superficie de la Tierra para gozar con su amante Ishtar (explicación mítica de la primavera-verano, cuando la naturaleza renace con toda su fuerza).
De las culturas mesopotámicas guardamos le testimonio de literatura erótica más antiguo conocido de la Humanidad. Se trata de la “Canción de amor de Shu-Sin”, hacia el año 2,000 a.n.e.:
“Esposo, querido de mi corazón,
gran valor tiene tu belleza, es dulce como la miel
León, querido de mi corazón,
gran valor tiene tu belleza, es dulce como la miel”.
En la literatura erótica mesopotámica encontramos continuas alusiones a los órganos sexuales, los besos y las caricias. Los amantes se comparan a los elementos más preciados por las gentes de su época: lechuga, miel, leche, campos, huertos…
En otro poema encontramos lo siguiente:
“Me bañé para el toro salvaje, me bañé para el pastor Dumuzi.
El delineó mis ijares con sus hermosas manos, el pastor Dumuzi llenó mi regazo de crema y leche
Él dejó sus manos en mi vulva sagrada, él suavizó con crema mi barca negra…
Ahora voy a acariciar a mi alto sacerdote en la cama…
Voy a decretar un dulce destino para él”.
En cuanto a Egipto, la poesía erótica se dio sobre todo durante el Reino Nuevo (1,300-1,000 a.n.e.), un momento en que la cultura alcanzó cotas muy altas en este país.
Al igual que la literatura mesopotámica (y con toda seguridad influida por ella) se recurre a metáforas agrarias, equiparando el amor de la pareja a las flores, frutos, aves o peces del Nilo. El hecho de cazar o pescar simboliza la consumación del acto sexual.
Un texto de literatura erótica egipcia dice lo siguiente:
“¡Qué dulce es seguirte en el río… y bañarme ante tí. Quiero dejarte ver mis encantos a través del traje de las más finas telas, cuando está mojado”.
Los llamados Papiros de Turín son una serie de manuscritos del 1,500 a.n.e. aproximadamente. Reciben este nombre porque se conservan en el Museo Egipcio de Turín (Italia). Contienen escenas de carácter sexual explícito y presentan una serie de posturas para realizar el acto sexual, por lo que también se les conoce como el “kamasutra egipcio”.
Los Papiros de Turín son conocidos como el “kamasutra egipcio”.
En Europa, durante la Edad Media, el llamado “románico erótico” es una buena muestra de la estrecha relación entre religión y sexualidad en los siglos XI, XII y parte del XIII. En los capiteles y canecillos de las iglesias se representan hombres itifálicos (con un gran pene), en muchos casos masturbándose; coitos anales y vaginales; felaciones; mujeres mostrando su sexo o masturbándose; personajes enseñando el culo… Es la muestra de una realidad social que mantenía unas determinadas creencias sobre la sexualidad y que, la Iglesia, en aquel momento, no pudo hacer nada por evitarlas.
Colegiata de Cervatos (Cantabria). Una muestra impresionante de erotismo y sexualidad
El concepto de que el sexo no sólo no ofende a los dioses sino que les es grato, está presente en todas las civilizaciones anteriores al Cristianismo. En las fiestas romanas de la Phaleporia, las ciudades se engalanaban con falos. En las celebraciones de San Cosme y San Damián, el 27 de septiembre, se ofrecían falos de cera. Durante las fiestas de Pascual, al comienzo de la primavera, en la etapa del románico, el cura se masturbaba durante la misa y contaba historias eróticas. En la India son muy evidentes las esculturas del templo de Khajurajo, por ejemplo, o el libro del Kamasutra.
La mujer tiene el papel central en esta literatura |
El papel de las mujer en estos textos literarios es el más relevante. El hombre ocupa una posición más secundaria. La mujer es la protagonista, la que nos va contando los acontecimientos que se van sucediendo, a la vez que expresa abiertamente sus deseos amatorios con impaciencia, pasión y llena de deseo.
Tal era todavía el peso del matriarcado en la mente de las gentes del Próximo Oriente que las religiones oficiales tenían que dar a la mujer un rol de primera línea, a diferencia de lo que va sucediendo con posterioridad, en que la mujer tiene un papel relegado y secundario en estas sociedades, y particularmente en la judía. Las diosas femeninas mantuvieron su papel preponderante durante siglos, aunque los dioses masculinos poco a poco les van comiendo terreno, hasta desplazarlas como deidad más importante de la sociedad. Astoret es la diosa femenina de los israelitas, que desapareció cuando Yahvé “se enfadó y derramó su ira” contra su pueblo.
En las sociedades primitivas, el único progenitor conocido es la madre, pues el padre puede ser cualquier miembro de la tribu. La mujer es el origen de la vida, es la que da vida. Además, es quien “organiza” el día a día (casa, hijos, comida, recolección…); el hombre simplemente se dedica a la caza. La mujer, pues, gozaba de un gran respeto y consideración en las sociedades prehistóricas. Y, en el terreno religioso, la deidad más importante no podía ser otra que la Madre Tierra, que con posterioridad aparece con diversos nombres en las culturas (Ishtar, Isis, Démeter...)
Otra característica de la obra que nos ocupa es que los amantes del Cantar de los Cantares no están casados, lo que refuerza e carácter de su relación como un amor libre, en estado puro, con un sentido ritual, tal como aparece en la literatura erótica de Mesopotamia y de Egipto.
Una página de la interpretación de Rashi de las Megillot, Biblioteca Nacional de Israel. (foto Wikipedia)
Datación y autoría |
Nada se sabe con certeza de la fecha en que se redactó el Cantar ni de su autor. Por el estilo literario empleado, parece un texto varios siglos posterior a Salomón, posiblemente hacia el 250 a.n.e., aunque ésta parece un fecha muy tardía. Otros investigadores lo colocan en fechas más tempranas como el exilio babilónico, y que ello explicaría la influencia del sistema de creencias de las tierras mesopotámicas en el judaísmo (siglo VI a.n.e.)
Judaísmo: el Cantar es una alegoría del amor entre Dios e Israel |
En el judaísmo, el Cantar se lee el sábado de la Pascua judía, en el comienzo de la cosecha de cereales (ritual de fertilidad) y conmemorando la Huida a Egipto.
Para la religión judía, el erotismo del Cantar es una alegoría del amor entre Dios y el pueblo de Israel. En algunos momentos, se intentó apartar al Cantar de los libros sagrados y relegarlo al olvido, pero sin éxito.
Para la Cabalá, la mujer del Cantar simboliza la sabiduría y se recalca la importancia de la letra escrita, que es negra, en el texto “soy morena pero hermosa”.
Sin embargo, para la interpretación del Cantar como el amor entre Dios y los hombres, el texto no ofrece ninguna pista. En otros libros proféticos o apocalípticos encontramos datos que permiten hacer una alegoría religiosa; no es así en el caso que nos ocupa. No se menciona a Dios en ningún momento, ni tampoco encontraremos elementos religioso alguno. Tan sólo amor y sexo y la descripción del cuerpo humano como una fuente de placer.
Cristianismo: el Cantar es una alegoría del amor entre Dios y la Iglesia |
La interpretación del Cantar como una alegoría del amor entre Dios y la Iglesia es una cristianización de la versión judía. Ambrosio de Milán y san Agustín se preocupan del tema y lo enfocan de esta manera. En el siglo XII algunos teólogos mantienen que la amante es la Virgen María.
En tiempos recientes, en el campo cristiano hay voces que han sucumbido a la evidencia y que se acercan a la interpretación del carácter erótico del Cantar. Es el caso de J. Winandy: “El Cantar es un canto de amor humano, o más bien, un poema lírico en muchos cánticos. Pero este poema no tiene nada de sensual en el sentido peyorativo del término; no canta una unión culpable, sino un amor y una admiración recíprocos, de los que nada permite creer que no sean legítimos.”.
Influencia en el arte |
El Cantar ha inspirado obras de arte de Marc Chagall, Carl Theodor Dreyer, Toni Morrison o John Steinbeck. También una cantidad importante de piezas musicales, como es el caso de los compositores Palestrina y Monteverdi, así como teatro, películas y novelas.
En España tenemos a fray Luis de León, quien entre 1560 y 1561 hizo la traducción al castellano y comentario consiguiente del Cantar de los Cantares. Esto le costó la cárcel, acusado en 1572 de interpretar el Cantar como un poema de amor sin sentido alegórico religioso. No obstante, las motivaciones de la Inquisición eran otras: echar al fraile de su cátedra en Salamanca para mantener a esa universidad dentro de lo “ideológicamente correcto”.
La interpretación del Cantar le costó la cárcel a fray Luis de León
Otro caso es el Teresa de Jesús (1515-1582). La relación de su obra con el erotismo es clara. Ella nos explica que no se refiere a un deseo carnal humano sino a la unión mística del alma con Dios. Es por ello que caben muchas interpretaciones de los textos de la santa, tanto desde un enfoque literario como psicológico. La escultura de “El éxtasis” de Bernini nos la presenta en pleno orgasmo, lo que nos dice que desde muy temprano se ha asociado la literatura de Teresa de Jesús con el erotismo.
La literatura de santa Teresa de Jesús quiere mostrar la unión mística del alma con Dios
En su “Libro de la Vida” la santa describe cómo un ángel introduce un dardo de aro con fuego en su corazón: “Metíaseme por las entrañas (…) El dolor era tanto que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone ese grandísimo dolor, que no hay que desear que se quite, ni se contenta el alma con menos de Dios”.
“El éxtasis de santa Teresa” de Bernini
Juan de la Cruz (1542-1591), al igual que Teresa de Jesús, tiene como objetivo mostrar la unión mística del alma con Dios. Lo que llama la atención en este caso es que el autor adopta una personalidad femenina -la esposa-, mientras que Dios sería el esposo. Un primer análisis abre el debate sobre la posible homosexualidad de Juan de la Cruz, algo que los estudiosos han tratado ampliamente.
Tiene como fuentes el Cantar de los Cantares y la poesía tradicional, con el amor cortés y las composiciones líricas de la época. Sus obras “Cántico espiritual”, “Noche oscura del alma” y “Llama de amor viva” están repletas de imágenes sexuales. Un texto de “Noche oscura del alma”:
“En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!
Salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada”.
San Juan de la Cruz tiene como fuente el Cantar de los Cantares
Análisis del Cantar de los Cantares |
El poema nos cuenta la historia de dos amantes que se buscan, se encuentran y practican el sexo. Esto se repite varias veces: búsqueda, encuentro, acto sexual, separación y vuelta a empezar. Los enamorados utilizan metáforas de la naturaleza para describir la belleza de uno y del otro y explicar su amor: frutos, flores, árboles, miel, leche…
Los deseos de la mujer de encontrarse con su amante se expresan 7 veces, un número muy presente en la Biblia y en los textos religiosos cristianos en general: Dios creó el mundo en 7 días, los 7 pecados capitales, los 7 dolores y gozos de la Virgen, los 7 sacramentos… En el Apocalipsis es también un número central: las 7 iglesias de Asia, las 7 trompetas, los 7 cuernos, los 7 cielos… Para Salomón, la sabiduría reside en una casa que se sostiene sobre 7 columnas y 7 son las dimensiones de lo celeste y lo inferior. Este número es el símbolo de la perfección.
El amante es pastor (lo mismo que el Dumuzi mesopotámico), y éste es un dato muy importante. El dominio de los pastores en estas sociedades anuncia el triunfo del patriarcado, de la división en clases sociales y de la formación del Estado. El pastoreo fue una actividad eminentemente masculina, no femenina. Conforme aumentaba la riqueza, ésta era apropiada por un grupo reducido de hombres, que son el embrión de las futuras aristocracias.
Egon Tschirch: «Cantar de los Cantares, n.º 11» (ciclo pictórico de 1923) (foto Wikipedia)
Para dar al texto una mayor relevancia, se alude en el título a Salomón, aunque sabemos que este monarca nada tuvo que ver con la redacción de este poema. No es una casualidad. Salomón (971-931 a.n.e.) fue el monarca más poderoso de Israel, que estableció buenas relaciones con sus vecinos (fenicios, egipcios, incluso el reino de Saba) y realizó importantes construcciones, entre ellas el Templo de Jerusalén. Para mantener la prosperidad de su reino, tuvo que aumentar el número de esclavos. Se cree que fue el autor de varios libros bíblicos. A su fama de hombre sabio se une el hecho de que disponía de un enorme harén de 700 mujeres y 300 concubinas, según el libro de los Reyes, lo que sitúa un marco erótico al poema que estamos estudiando. A su vejez, volvió a las antiguas religiones y se hizo politeísta.
Apartados del Cantar de los Cantares |
Dividimos el Cantar en varios apartados, para facilitar su estudio:
1. La amada expresa sus sentimientos.
2. Buscando al amante por primera vez
3. Primer encuentro de los amantes
4. Segunda búsqueda del amante
5. Segundo encuentro de los amantes
6. Tercera búsqueda del amante
7. Tercer encuentro de los amantes
8. Apéndice













