Los Esconjuraderos de la provincia de Huesca
Los esconjuraderos del Pirineo de Huesca Los rituales |
Las tormentas, especialmente en los 5 meses que van de mayo a septiembre, son muy peligrosas: pueden arruinar una cosecha y, por consiguiente, traer el hambre y la muerte. Estamos hablando de sociedades (desde el Neolítico hasta hace 2 ó 3 siglos) que dependían absolutamente de la agricultura y los ganados, por su parte, necesitaban pastos para alimentarse.
De ahí los rituales para evitar este peligro. Además, las tradiciones pirenaicas de la provincia de Huesca, aparte de los esconjuraderos, abundan en elementos y fórmulas mágicas protectoras. Tenemos los “espantabruchas” del exterior de las chimeneas, que son piedras normalmente cónicas que guardan de los maleficios, o los “cardinchos”, plantas del Pirineo con poder protector que se recogen en San Juan y se colocan en las casas. También a los cardos y a las patas de algunos animales se les atribuye una capacidad protectora.
Los “espantabruchas” de las chimeneas. Las tradiciones pirenaicas de la provincia de Huesca, aparte de los esconjuraderos, abundan en elementos y fórmulas mágicas protectoras.
En los conjuros contra las tormentas eran las brujas (las mujeres sabias) las que históricamente han dirigido estos rituales. Entretanto, las gentes debían tocar madera (lo mismo que hacían las gentes celtas con el roble, y de donde proviene esa expresión tan común de “tocar madera” como algo que nos va a proteger y dar suerte) para que el cielo no cayera sobre sus cabezas (otra creencia de los pueblos celtas).
La Iglesia no podía tolerar estas actividades. La presión ideológica y represiva de las autoridades católicas a lo largo de los siglos a partir de la Edad Media consiguió que las gentes llegaran a admitir que las brujas eran algo negativo (incluso que eran las causantes de las tormentas), creando una imagen que ha llegado hasta nuestros días en los relatos populares.
La presión de la Iglesia Católica fue tal que las gentes afirmaban ver a las brujas volando sobre las nubes y ordenándoles adónde tenían que ir. En la comarca oscense de Sobrarbe se decía que las brujas lanzaban las tormentas contra los pueblos de la zona.
El papel de estas mujeres fue asumido por el cura del pueblo. El párroco, misal en mano, bendecía con agua bendita el esconjuradero y pronunciaba las palabras mágicas que ahuyentarían a las tormentas.
Algunos casos conocidos
En la memoria colectiva han quedado algunos casos de conjuros relevantes. He aquí algunos de ellos:
En 1462, una bruja, que había sido detenida, confesó que había desviado una tormenta con canciones, bailes y lanzando al aire un barro hecho con tierra y con su orina.
Se cuenta que mosén Bruno Fierro, en Bal de Chistau (Huesca), desvió tormentas muy fuertes, pero los de Plan se quejaron, porque estas tormentas habían descargado en su pueblo.
En Guaso, varios vecinos habían perdido sus haciendas a causa de las tormentas y decidieron entonces construir el esconjuradero de este pueblo para no tener más problemas en el futuro.
Los conjuros
Conocemos el texto de algunos conjuros.
San Vicente de Labuerda utilizaba estas palabras:
“Boiretas de San Bizien y Labuerda: no apedregáz cuando llegués t’Araguás: ¡zis! ¡zas!”.
Se supone que el zis-zas era el movimiento del hisopo del cura en el momento de la bendición.
De Álava y Navarra tenemos la oración del “tentenublo” (detente nube):
“Tentenublo
tente en tí
no te caigas sobre mí;
guarda el pan,
guarda el vino,
guarda los campos,
que están floridos”.
De Aragón y otras zonas de España proviene el conjuro:
“Si lluvia traes ven para acá; si piedra, vete para allá”.
Un exorcismo en latín contra las “tempestades, rayos y daños metereológicos”, tiene la traducción siguiente (extractos):
“(…) Os exorcizo, rayos y tormentas, por el Dios Padre omnipotente, y por Jesucristo, su Hijo único, y por el Espíritu Santo, para que no podáis perjudicar a los fieles de Dios ni sus frutos.
“Os conjuro por el Dios vivo, por el Dios verdadero, por el Dios santo, y por aquél que con su palabra mandó que no hicieran daño a los lugares ni a las personas inocentes. Aléjese, pues, hacia lugares desiertos.
“(…) Os pedimos, Señor santo, Padre omnipotente, Dios eterno, que se digne enviar a su santo ángel desde el cielo, para que guarde, proteja, defienda y preserve a todos los habitantes de este lugar y sus frutos, campos y propiedades. Por Cristo Señor nuestro. Amén.”
La invocación a Santa Bárbara fue teniendo cada vez más peso, como muestra del grado de cristianización a que habían llegado estos rituales:
“Santa Bárbara bendita, que en el cielo estás escrita, con papel y agua bendita”.