San Adrián de Sásabe, Borau (Huesca)


La iglesia


La iglesia es un templo románico en el que se mezclan las influencias lombardas -que vienen de las tierras que actualmente son Catalunya-. Su portada jaquesa anuncia un nuevo estilo que se hará presente en todo el románico hispano, con su escultura integrada, con capiteles en la portada y sus ménsulas absidiales decoradas.

El templo es de una sola nave rectangular y ábside semicircular. La bóveda del presbiterio es de cañón y la del ábside es de cuarto de esfera.

La iglesia. Foto: cartel informativo.

La orientación de la nave es prácticamente al Este, 96º, es decir a la salida del sol en los equinoccios de marzo y septiembre. Esto también permite algún efecto lumínico en las mañanas del solsticio de verano, el 21 de junio. Los dos ventanales laterales del ábside parecen orientados a la salida más septentrional y meridional de la luna, algo que se produce en un ciclo 19 años y que era conocido desde la Antigüedad para establecer un calendario de eclipses lunares.

Plano de templo. Estaría orientado hacia movimientos del sol y de la luna.


La decoración de los ábsides

Una de las figuras exteriores del ábside es de una pequeña cabeza. Se trata de Sancho de Larrosa, abad de San Adrián de Sásabe cuando el templo fue consagrado en 1104. La misma figura la encontramos a la entrada del castillo de Loarre (Huesca), en opinión de A. García Omedes.

La pequeña cabeza representaría al abad Sancho Larrosa. A la izquierda, posiblemente un crismón muy simplificado.

Otro motivo decorativo es la margarita. En griego “margarita” equivale a “perla”; la frase "Corporis Agni margaritum ingens” (la rica perla del Cuerpo del Cordero) puede aportar un explicación cristiana. Pero yendo a las creencias de la Antigüedad la cosa cambia: la margarita es la flor en que la ninfa Belides, protectora de bosques y praderas, se transformó para escapar del acoso de Vertumno, dios de los huertos; simboliza, pues, a la Madre Tierra (femenina) frente a los intentos masculinos en dominarla. Vemos aquí también el enfrentamiento entre las sociedades recolectoras, matriarcales (Belides es la ninfa de bosques y praderas), que se niegan a desaparecer, y las sociedades agrícolas (Vertumno es el dios de los huertos), que acabarán siendo patriarcales. La margarita, pues, tendría que ver con los cultos matriarcales y el amor libre (¿ritos orgiásticos?). Quizá tenga que ver con esto que en el siglo XI fueron expulsados muchos monjes de San Adrián por sus costumbres “licenciosas”.

La margarita podría ser el símbolo de ritos orgiásticos


Conjunto de margaritas

La cruz sostenida por una mano haría alusión a la leyenda de san Adrián, cuyo mano, una vez martirizado, tomó el timón de la nave en que viajaba su esposa llevándola a buen puerto en medio de una tormenta terrible. Destaca en esta mano el detalle de las uñas.

Cruz sostenida por una mano, que podría ser una alegoría a San Adrián

Un crismón muy simple y estilizado y varios dibujos geométricos de inspiración visigoda completan la decoración de esta parte del templo.

Flor de 6 pétalos (simboliza el proceso de muerte-resurrección) y, a la izquierda, signos geométricos de in inspiración visigoda.

Cerca de la portada sur una inscripción dice que "HIC REQVIESCVNT TRES EPISCOPI” (“Aquí descansan tres obispos”),

Portada sur


El interior

Una pila cuadrada podría ser una pila para bautismo por inmersión o un recipiente para recogida de agua, tan abundante en el subsuelo de este templo. Tiene un agujero en su parte inferior, para facilitar el vaciado del líquido elemento.

Una pila cuadrada podría ser una pila para bautismo por inmersión 

Interior de la iglesia

San Adrián

Su advocación a san Adrián relaciona a este templo con el agua, tan presente por las filtraciones subterráneas y la cercanía del río Lubierre. En efecto, a san Adrián le cortaron las manos en su martirio; su cuerpo fue lanzado al fuego pero una tromba de agua apagó las llamas. Finalmente fue enterrado en Constantinopla por sus discípulos. Su esposa Natalia, también cristiana, que había cogido una de las manos, se dirigió por mar a Constantinopla, mientras el espíritu de san Adrián acompañaba al barco caminado sobre las aguas del mar. Una terrible tormenta estuvo a punto de hacer naufragar la nave, pero entonces la mano de san Adrián cogió el timón y consiguió enderezar el rumbo. Cuando Natalia restituyó la mano al cuerpo de su esposo, murió en ese instante y fue enterrada junto con su marido.