Románico de la Valdorba, Navarra



Catalaín, ermita del Santo Cristo


Un poco de Historia: un templo en una vía secundaria del Camino de Santiago.

La iglesia data del siglo XII. Reinaba entonces en Navarra y Aragón Alfonso I el Batallador (1073-1134), monarca muy relacionado con la Orden del Temple, que fue el rey más poderosos de la España cristiana en aquel momento y dio un gran impulso a la Reconquista, destacando, entre otros lugares, la toma de la ciudad de Zaragoza.



La ermita del Santo Cristo



La ermita del Santo Cristo forma parte de una serie de templos de esta comarca con un Románico muy destacado, seguramente debido a que esta zona era una vía secundaria del Camino de Santiago Aragonés. Según Yarnoz, la ermita del Santo Cristo se ubicaba “en una de las rutas secundarias del Camino de Santiago. Aquella que tras atravesar el Pirineo por el puerto de Somport y pasar por Jaca y Sanguesa, en lugar de seguir la ruta principal por Monreal, Campanas, etc., se desviaba a Leache -donde los Sanjuanistas tenían un hospital- y por la ‘Vizcaya’ entraba en la ‘Baldorba’, y descendiendo por el río Cemborain seguía hacia Campanas”. Desde sus inicios y hasta el siglo XV, Catalaín fue hospital y hospedería de peregrinos.

En el siglo XVI se convirtió en ermita. A partir de entonces, aparecen continuas fricciones entre el cura designado por Roncesvalles y el cura de Garinoaín. Se cuenta que uno y otro se impedían mutuamente hacer misa arcabuz en mano, que hubo agresiones físicas y tumultos de los habitantes del pueblo, que llegaron a  echar abajo la puerta de la ermita en apoyo a su párroco.

Desde comienzos del siglo XIII y hasta la Desamortización de Mendizábal (siglo XIX) perteneció al monasterio de Roncesvalles. Hay dos documentos sobre su donación: en uno, el donante fue en 1203 Sancho el Fuerte (1194-1234, participó en la batalla de las Navas de Tolosa y, tras ella, incorporó las cadenas al escudo de Navarra); en el otro, los donantes son en 1208 los hermanos Jimeno y Miguel de Garinoaín.




El monasterio de Roncesvalles tenía posesiones por toda Europa.

Como decimos, la iglesia del Santo Cristo dependió del monasterio de Roncesvalles desde el siglo XIII hasta la Desamortización del siglo XIX.

La Real Colegiata de Roncesvalles tiene su origen en el hospital de los peregrinos que hacían el Camino de Santiago viniendo de Francia. Dice la leyenda que su fundador fue el propio Carlomagno, algo que históricamente se sostiene bastante mal, aunque hay textos, como el del Sr. Arigita, que así nos lo indican: “Desde el tiempo de Carlo-Magno empezó a existir en Roncesvalles un hospital general para los que por allí pasaban de Italia, Alemania y Francia en peregrinación a Compostela, y de España a los sepulcros de los Apóstoles Sn Pedro y San Pablo y a la tierra santa y al Sepulcro de Nuestro Señor Jesucristo: y mucho después fue instituido un Monasterio con Prior y convento de canónigos regulares, que con la insignia de un báculo de la figura de una F de color verde formaban como una milicia para servir a los pobres”.

La Real Colegiata llegó a reunir un patrimonio inmenso, que se extendía por toda Europa. Tenían posesiones en España, Italia, Escocia, Irlanda, Inglaterra, Francia y  Alemania.


Foto antigua de la ermita. (foto: todocoleccion.net)




Uso social del templo; lugar de reunión

En el patio de este templo es donde se reunían los regidores de los pueblos de la comarca durante la Edad Media y hasta tiempos recientes. Así consta en un documento del siglo XVI. 




Marcas de cantero





El interior del templo: la figura del Santo Cristo

En el arco triunfal encontramos, de un lado, decoración vegetal, y, de otro, un rey David tocando el arpa en medio de dos águilas. Son motivos de una gran belleza.

La figura del Santo Cristo es una imagen gótica del siglo XIV. La imagen es de tamaño natural

El templo conserva dos pilas bautismales. Una es siglo XIV y está decorada con el escudo de Navarra, una cruz, una flor de lis y otros motivos. La otra, románica, se conserva en muy mal estado.

La tapa de un sarcófago altomedieval se puede ver en el Museo de Navarra.

La fama milagrera del Cristo de Catalaín estaba muy extendida. Las gentes le atribuían milagros independientemente de lo que dispusieran las autoridades eclesiásticas. Tras una  visita pastoral en 1628, el obispo de Pamplona sentencia que “mandamos que ninguna persona de qualquier... publique milagros ante que por Nos y orden de la santa madre iglesia sean aprobados”.



El Cristo de Catalain. (foto: enciclopedianavarra.com)




Talla de la Virgen (foto: lebrelblanco.com)





El rey David músico (foto:romanicoaragon.com)




Las romerías: ni “bayles, danzas, ni comedias u otras cosas indecentes”

También ha sido la ermita del Santo Cristo un lugar de romerías a lo largo de los siglos. Todos los pueblos del valle tienen su día de romería a la ermita del Santo Cristo. Las romerías son lugares donde la gente se conoce y se  divierte, algo que la Iglesia siempre ha encajado muy mal; en 1628, el obispo de Pamplona, Pedro Fernández y Zorrilla, indicaba como resultado de una visita pastoral: “nadie dentro de la dicha yglesia de la ermita tenga bayles, danzas, ni comedias u otras cosas indecentes... ni de noche estén hombres y mujeres juntos, lo cual todo cumplan bajo pena de excomunión y de seys ducados. I el vicario de la parroquial de Garinoain no consienta lo contrario bajo la dicha pena, y los que fueren rebeldes quite de los divinos oficies y échelos de la iglesia”.



Los canecillos reproducen escenas eróticas. En dos casos, parejas de amantes




Mujer con órgano sexual extraordinariamente grande. Pareja de amantes




Posibles escenas de zoofilia



Todo indica que en el Románico el sexo se vive con una naturalidad que la Iglesia se encargaría de liquidar con el tiempo, especialmente a partir del siglo XIII (concilios de Letrán, Lyon…). Todavía pervivían ritos y costumbres paganos sobre la fertilidad de tierras, ganados y personas, en los que la sexualidad aparece como algo consustancial a la vida, que no sólo no ofende a Dios sino que es una forma de acercase a Él.


Los templos, además de lugar de culto, eran también lugar para todo tipo de celebraciones. En la “fiesta de los locos” y en la “fiesta del asno” las gentes se burlaban de las autoridades; se imitaba a los dioses paganos muchas veces en procesiones yendo desnudos. El día de Resurrección tenía lugar el “Risus Paschales” (risa pascual) en la que el sacerdote contaba historias obscenas y acababa masturbándose delante de sus feligreses o mostrándoles sus genitales. En realidad, se estaba celebrando la llegada de la Primavera.





El templo, un centro de devoción religiosa de todos los pueblos de la comarca.

Catalaín fue un monasterio o, al menos un “monasteriolo”. Así lo certifican los restos de edificaciones en el lado sur de la actual iglesia, lo que le permitía ser hospital y hospedería del Camino de Santiago.

En la actualidad, sigue siendo un centro de gran devoción de las gentes de esta comarca. La imagen del Santo Cristo es objeto de veneración. Se hacen romerías desde todos los pueblos de los alrededores desde tiempos inmemoriales.

La ermita es un templo románico, de una sola nave. Ha sufrido importantes modificaciones. En 1776 se reconstruyó la bóveda y en los años 70 del siglo pasado se llevó a cabo la restauración del edificio.

El templo de Catalaín sigue la influencia de la iglesia del castillo de Loarre en  su construcción y de la catedral de Jaca en su decoración.


Plano del conjunto. (foto: lebrelblanco.com)





El exterior está decorado con abundantes canecillos

El número de canecillos es abundante, tanto en los muros laterales como en el ábside. Encontraremos figuras geométricas y vegetales, animales (leones, aves, monstruos), así como músicos y cabezas humanas.


Músicos



Desde la Antigüedad se relaciona la música con las matemáticas y la geometría.  El arquitecto constructor de templos ha de saber música para dominar las proporciones armónicas y aritméticas de su obra. En el Timeo de Platón se dice: “después llenó los intervalos dobles y triples de tal modo que entre cada intervalo hubiese medias armónicas y aritméticas”. Se lograba también transformar el edificio de la iglesia en un resonante acústico impresionante, donde los cantos se percibían como una forma de música celestial. Especialmente en el arte gótico, los edificios religiosos se adecuan a las proporciones de la armonía musical. Bernardo de Claravall dice: «No debe haber decoración, sólo proporción.» Pitágoras (560-490 a.n.e.) y su escuela abundan en este sentido. Para los pitagóricos, la música cura las enfermedades y está íntimamente relacionada con los astros y los colores: “hay geometría en el canturreo de las cuerdas; hay música en el espacio que separa las esferas”.

Algunas melodías musicales sirven para entrar en trance. Actualmente lo podemos apreciar en los ritos africanos, tanto de tribus del continente como de los colectivos descendientes de los esclavos que fueron llevados a América. También en la música de los indios americanos. Parece, incluso, que el origen de la música, en la Prehistoria, era como un medio para inducir a estados alterados de conciencia.




Canecillos de animales. Águila y animal fantástico




Canecillos de animales. León y cérvido.




Canecillos de animales. 




Canecillos de animales. 





Aves picándose las patas y aves con una sola cabeza. 



El ave, por vivir en las alturas, se relaciona con el mundo superior, el espíritu, el mundo del más allá, la sabiduría, la conexión con los dioses. En Egipto, el alma abandona el cuerpo del difunto en forma de ave. Para los celtas, las aves nos traen mensajes de los dioses. Los romanos, así como muchos pueblos de la Antigüedad, creían que las aves, según su vuelo, traían mensajes positivos o negativos. En el chamanismo, las aves representan el viaje astral. En el Islam, el ave representa el alma inmortal y también el destino. Las aves se asocian con el aire y el pensamiento.

En el Románico, dos pájaros enfrentados simbolizan el pensamiento dualista, en el que la realidad se representa por dos elementos iguales y contrarios, que se oponen pero que se complementan, y de cuya acción nace un nuevo elemento a un nivel superior. En la alquimia, la oposición de dos aves representa el mercurio, elemento esencial para la consecución del Oro alquímico.

Las aves que muerden las patas (la ligada a lo material, a la tierra) nos indican que los niveles superiores de conciencia (simbolizado por el vuelo del ave) se consigue transcendiendo los niveles inferiores (simbolizado por las patas que se agarran a la tierra).





Canecillos de caras humanas. Actitud muy seria.




Canecillos de caras humanas. Actitud muy seria.





Canecillos de caras humanas. Actitud muy seria.






Canecillos de personajes en cuclillas




Canecillos de personajes en cuclillas





Canecillos de personajes en posturas diversas.  El de la derecha presenta un hombre sentado cabeza abajo, que simboliza el ser que ha alcanzado el nivel superior de conciencia, pues descansa sus pies (su base, su asentamiento) en el cielo y marcha al revés que el resto de seres.





Los capiteles de la portada

La portada presenta una serie de capiteles muy interesantes: leones con patas acabadas en tres garras; tres caballeros en mal estado de conservación, uno de ellos lleva un libro y un báculo; un hombre con cara simiesca y una soga al cuello; dos caballeros que no sabemos a quién representan: pueden ser caballeros templarios o los hermanos Garinoaín, que hicieron la donación del templo a Roncesvalles.

El crismón tiene una tilde en el vano de la “P”, característica del tipo navarro.




Leones con patas acabadas en tres garras; tres caballeros en mal estado de conservación, uno de ellos lleva un libro y un báculo





Un hombre con cara simiesca y una soga al cuello




Dos caballeros que no sabemos a quién representan: pueden ser caballeros templarios o los hermanos Garinoaín, que hicieron la donación del templo a Roncesvalles.



El número 3

En la portada se repite el número 3, muy presente en todos los sistemas de creencias. En el cristianismo es la Trinidad, o los tres hijos de Noé, o las tres negaciones de Pedro, o los tres Reyes Magos. Las religiones de  la Antigüedad tenían una tríada de dioses. Los templarios comulgaban tres veces al año, oían misa tres veces a la semana, daban limosna tres veces o se enfrentaban hasta a tres enemigos. Los celtas dividían el mundo en tres partes. Platón: “… es imposible combinar dos cosas sin una tercera, hace falta una relación (razón) entre ellas que las ensamble. La mejor ligazón para esta relación es el Todo”. Para Pitágoras el 3 es el número perfecto, pues señala el principio, el centro y el final. Para que exista la música se necesitan 3 notas.

En la física tenemos tres estados (sólido, líquido y gaseoso). Lo mismo pasa con la electricidad (tensión, intensidad y resistencia), las dimensiones (largo, ancho, alto), los colores básicos (rojo, azul, amarillo)…




En la portada, el hombre con la soga al cuello representa una escena de penitencia pública

Este capitel de la portada representaría la escena de la llamada “penitencia pública”. Este ritual se realizó en Catalaín desde el siglo XI al siglo XVI. Era costumbre que el penitente fuera con una cuerda al cuello.

El penitente está rodeado por otros dos personajes, que serían clérigos, dos aves que simbolizarían las almas de los que no están en pecado, mientras que los leones serían una referencia al tema de Daniel con estos animales, relacionado también con la penitencia. El carácter simiesco del penitente nos indicaría la gravedad de sus pecados.


Este capitel de la portada representaría la escena de la llamada “penitencia pública”. Este ritual se realizó en Catalaín desde el siglo XI al siglo XVI. Era costumbre que el penitente fuera con una cuerda al cuello.



Alfonso X nos describe una escena de este tipo en la Primera Partida: “El blasfemo debe tener tal pena que debe acudir siete domingos a la puerta de la iglesia y estar allí mientras se dice la misa, debe ayunar todos los viernes de estas siete semanas, a pan y agua, y no entrar en la iglesia hasta que se cumplan las siete semanas. El último domingo debe acudir a la puerta de la iglesia con saya o en paños de lino, descalzo y con una soga al cuello”.



Un capitel de una ventana exterior del ábside también representa a un hombre con una soga al cuello y pies y manos que acaban en tres dedos a modo de garras.


Martí Gelabertó Vilagrán cuenta el caso de un campesino de Lérida que, en 1444, blasfemó contra Dios en una discusión. Fue llevado “en un día festivo a la iglesia de Sant Joan y a permanecer de pie en las escalinatas del templo el tiempo que durase la misa, ataviado con una camisa, cadena al cuello y cirio entre las manos, y a sus pies un cartón lleno de paja y cebada símbolo de su bestialidad“.