Bílbilis, ciudad romana en Calatayud (Zaragoza)


                   La ciudad: 

            3.500 habitantes


Bílbilis se elevaba unos 200 metros sobre el río Jalón, río que, junto con su afluente el Ribota, prácticamente rodean la urbe.

La construcción de la ciudad romana no fue fácil debido a las dificultades del terreno. Quedó configurada en época de Augusto, aproximadamente en torno al comienzo de nuestra era. Alcanzó su mayor esplendor en el siglo I, comenzó a decaer en el siglo II y prácticamente quedó abandonada en el siglo III.



Habitación de vivienda romana (Museo de Calatayud). La construcción de la ciudad romana no fue fácil debido a las dificultades del terreno. (foto: pinterest.com)


Con Augusto la ciudad adquiere el rango de Municipium, lo que suponía que sus habitantes tenían el derecho y la ciudadanía romana. En conjunto, llegó a contar con una plaza porticada, templo, basílica, curia, termas y teatro. Fue también importante la red hidráulica, que garantizaba el suministro del líquido elemento; en la actualidad se han descubierto hasta 68 cisternas, un número muy elevado.

Para adaptarse al terreno, Bílbilis se estructuró en terrazas, a diferencia de la ciudad romana que encontramos habitualmente, de esquema reticular.

En el Museo de Calatayud se exponen conjuntos pictóricos, una colección de monedas, una serie de esculturas, epigrafías y ajuares domésticos.


Moneda celtibérica (Museo de Calatayud). Foto: Wikipedia


Cartel informativo: “Resulta sencillo comprender la antigua ciudad si la relacionamos con el paisaje. Desde aquí se puede imaginar la vinculación con la vía romana n.º 34 del itinerario de Antonino, que discurría al fondo del valle en dirección a la Meseta central, Lusitania y Bética; itinerario que coincide actualmente con el recorrido de la autovía N.II y del tren de alta velocidad.

Bílbilis, como más tarde Calatayud, fue un punto de referencia geográfico indiscutible para identificar desde la lejanía, lo que sin duda estuvo llamado a ser un centro político y administrativo que regularía la vida de la comarca a lo largo de los siglos.

La perfecta armonía de los restos de lo antiguo con el paisaje interior y exterior, permiten imaginar cómo fue la vida en una ciudad provinciana de época romana que no perdió su carácter durante los siglos que estuvo habitada, hasta que sus funciones fueron heredadas por la Calatayud medieval y posterior.”



Columna. Bílbilis fue un centro político y administrativo que regularía la vida de la comarca a lo largo de los siglos. (foto: pinterest.com)


Cartel informativo: “El camino que comunica el centro del municipio con la entrada principal por la vía romana que asciende desde el río Jalón nos permite relacionar la ciudad con las tierras de cultivo y pastoreo que se extendían por sus alrededores, así como el tránsito más dificultoso de sus habitantes por la difícil orografía desde el valle.

Lo que hoy conocemos como “Barranco de los Sillares” permite entrar y salir de la ciudad por una puerta secundaria, pero muy transitada, especialmente para personas con sus animales de carga.

A ambos lados de este acceso, viviendas y un templo dedicado a la diosa Fortuna, conformaron un urbanismo complejo por la necesidad de adaptación al terreno, mediante terrazas sujetas por portentosos muros de piedra que le conferían un aire pintoresco.

El Barrio de Huérmeda se extiende en las proximidades, junto al río Jalón, y heredó parte de la población residual de Bílbilis cuando ésta se fue abandonando paulatinamente desde el siglo III d.C., llevándose consigo muchos materiales de construcción y la tradición religiosa cristiana”.



Busto, en el Museo de Calatayud. Bílbilis tuvo un urbanismo complejo por la necesidad de adaptación al terreno


Cartel informativo: “Estamos en el corazón de la ciudad con sus monumentos principales, hoy muy deteriorados por le abandono y el aprovechamiento de sus restos en la construcción de Calatayud desde la Antigüedad Tardía hasta la Edad Media.

Desde aquí podemos observar, hacia el norte, el cerro de Bámbola, que con sus 711 metros de altura constituyen la cima de la ciudad, las huellas de las antiguas canteras y las terrazas que albergaron los barrios altos, hacia las termas. Al este tenemos el cerro de San Palermo, de 704 metros de altura, presidido por la ermita dedicada a dicha advocación, construido sobre una antigua cisterna romana.

En un lateral, encontramos la potente mole del teatro que aprovecha una vaguada natural y el foro con su templo, los pórticos y la curia o antiguo “ayuntamiento”.

Es importante destacar que Bílbilis, además de ser concebida de manera funcional, fue también diseñada como un faro de romanidad, para ser contemplada desde lejos y mostrar así, a las poblaciones vecinas, la importancia y las ventajas de la civilización y administración romanas.

En la actualidad, la pérdida de los edificios nos permite valorar mejor la importancia del enclave geográfico de la ciudad, su valor estratégico en la Antigüedad, dominado por un importante cruce de caminos que recorrían los valles de los ríos Jalón, Jiloca y Ribota.”


Musa, en el Museo de Calatayud. Bílbilis fue diseñada como un faro de romanidad, para ser contemplada desde lejos y mostrar así, a las poblaciones vecinas, la importancia y las ventajas de la civilización y administración romanas.


Cartel informativo: “En esta explanada ubicada en la parte posterior del foro y del teatro se encontraban los comercios y algunos talleres de productos de hueso o incluso de fabricación de placas de vidrio para ventanas.

Hasta el comienzo de las excavaciones, en 1971, toda esta zona del yacimiento estuvo cubierta de viñedos. Parte de las laderas laterales eran antiguas terrazas cultivadas de cereal pobre, cebada y centeno, que fueron abandonadas por su escaso rendimiento y sustituidas por plantaciones de almendros. Hoy prácticamente todo ello ha desaparecido.

Aquí, las excavaciones realizadas mostraron la existencia de viviendas y una calle comercial que ascendía hacia las termas. Esta fue una zona privilegiada por la calidad de sus casas ricamente ornamentadas y su orientación al mediodía. En una de las viviendas excavadas se descubrieron dos lagares y algunas vasijas de almacenaje, lo que indica que se trataba de una instalación para almacenar vino.

En esta rica vivienda (domus de larario) se halló una entrada presidida por un larario o altar dedicado a los antepasados ricamente ornamentada con pinturas que conserva el Museo de Catalayud, así como una sala calefactada por el suelo con hipocaustum. La aparición de un enterramiento infantil bajo el pavimento en una urna cineraria nos muestra la pietas (piedad) de sus moradores, seguramente de origen itálico.”




Columna, en el Museo de Calatayud (foto: caminodelcid.org)



Las murallas 

Ya había murallas en época celtibérica, hacia el siglo II a.n.e, aunque de dimensiones más reducidas.

Las murallas romanas rodeaban enteramente a la ciudad de 30 Ha. y se adaptaban a las condiciones del terreno. Aunque no eran del todo necesarias, dada la ausencia de peligro de ser atacados, las murallas de Bilbilis conferían a la ciudad de un empaque y un prestigio que resaltaban la importancia de la urbe ante los habitantes de estas comarcas.

Había dos puertas importantes, junto a otras de menor envergadura: una accedía al teatro y la otra venía de la zona río Jalón. A lo largo de su recorrido, se colocaron varias torres; en una de ellas aparecieron dos cadáveres, que seguramente formaban parte de los ritos fundacionales de la muralla.

En el noroeste, debido a lo escarpado del terreno, no fue necesario levantar murallas.



Las murallas romanas rodeaban enteramente a la ciudad de 30 Ha. y se adaptaban a las condiciones del terreno.



El abastecimiento de agua: las cisternas 

Debido a las condiciones del terreno, no se pudo construir un acueducto. Por consiguiente, la única manera de abastecer de agua a la ciudad fue el aprovechamiento de las corrientes subterráneas construyendo cisternas, como en otras muchas ciudades romanas. Tampoco hay que olvidar, aunque su impacto fuera mucho menor, el aprovechamiento del agua de lluvia o la traída de agua con animales desde los ríos Jalón o Ribota.



 La ermita de San Paterno fue originariamente una cisterna, seguramente la mejor conservada de todas.


Bílbilis tiene 62 cisternas conocidas. Su construcción tampoco fue fácil, pues hubo que adaptarlas a la orografía de la urbe con sólidos muros. Las cisternas estaban comunicadas entre sí formando una red con tuberías de plomo o cerámica, siguiendo curvas de nivel y el principio de los vasos comunicantes. Eran más numerosas en las zonas de la ciudad con mayor población.

Algunas de las cisternas romanas han contenido agua hasta tiempos recientes, otras han servido como casetas para herramientas agrícolas o refugios de pastores. La ermita de San Paterno fue originariamente una cisterna, seguramente la mejor conservada de todas.

A partir de una cierta altura (unos 660 metros) parece que ya no se construyeron más cisternas, debido a su dificultad, y en esas cotas el suministro debió hacerse a partir depósitos que recibían el agua de lluvia.