Cantar de los Cantares, poesía erótica en la Biblia



6. Tercera búsqueda del amante



La amante

Yo dormía, pero mi corazón estaba despierto, y oí a mi amado que tocaba a la puerta y llamaba:

Ábreme, hermana mía, amada mía, paloma mía, perfecta mía; porque mi cabeza está llena de rocío y mis cabellos están mojados con las gotas de la noche”.

Ya me había desvestido; ¿cómo me iba a volver a vestir? Había lavado mis pies; ¿cómo iba a volverlos a ensuciar?

Mi amado metió su mano por el agujero de la puerta, y mi corazón se conmovió a causa de él.

Entonces me levanté para abrir a mi amado, y mis manos gotearon perfume de mirra.

Mis dedos gotearon mirra sobre la manecilla del cerrojo.

Abrí a mi amado, pero mi amado se había ido; había desaparecido.

Se me salía el alma cuando él hablaba.

Lo busqué, pero no lo hallé; lo llamé, pero no me respondió.

Me encontraron los guardias que rondan la ciudad; me golpearon y me hirieron. Me despojaron de mi manto los guardias de las murallas.



Parece que aquí se repiten escenas anteriores. Llega el amante y quiere entrar en la casa, pero ella se muestra esquiva para abrirle (“ya me había desvestido, ¿cómo me voy a vestir?”) para poner a prueba a su amado.

El amante se va. La mujer lo busca por la ciudad. Los centinelas la maltratan, lo que constituye todo un símbolo de lo que está ocurriendo en estas sociedades: la mujer (matriarcado) atacada por los guerreros (patriarcado)



Si hallan a mi amado le dirán que estoy enferma de amor.



La amante

Júrenme, oh hijas de Jerusalén, que si hallan a mi amado le dirán que estoy enferma de amor.



Las hijas de Jerusalén

¿Qué tiene tu amado que no tenga cualquier otro amado, oh la más hermosa de todas las mujeres?

¿Qué tiene tu amado más que cualquier otro amado para que nos hagas jurar así?



La amante

Mi amado es blanco y sonrosado; sobresale entre diez mil.

Su cabeza es oro fino.

Sus cabellos son ondulados, negros como el cuervo.

Sus ojos son como palomas junto a los arroyos de aguas, bañados en leche y sentados sobre engastes.

Sus mejillas son como almácigos de especias aromáticas que exhalan perfumes.

Sus labios son como lirios que despiden penetrante aroma.

Sus manos son como barras de oro engastadas con crisólitos.

Su vientre es como una plancha de marfil, recubierta con zafiros.

Sus piernas son como columnas de mármol cimentadas sobre bases de oro.

Su figura es como el Líbano, escogido como los cedros.

Su paladar es dulcísimo; ¡todo él es deseable!

Así es mi amado y así es mi amigo, oh hijas de Jerusalén.



La amante pide a las hijas de Jerusalén que le ayuden a encontrar a su amado. Hace una descripción de éste “que sobresale entre mil”: cabellera, ojos, labios, manos…



Hijas de Jerusalén.

Adónde se ha ido tu amado, oh la más hermosa de todas las mujeres?

Dinos en qué dirección se fue, y lo buscaremos contigo.



La amante

Mi amado descendió a su huerto, al almácigo de las especias, para apacentar en los jardines y para recoger los lirios.

¡Yo soy de mi amado y mi amado es mío!

Él apacienta entre los lirios.



Las hijas de Jerusalén preguntan a la mujer por el camino que ha tomado su amante. Ella les responde que estará haciendo de pastor en los vergeles.