Cantar de los Cantares, poesía erótica en la Biblia



7. Tercer encuentro de los amantes



El amante

¡Qué bella eres, oh amada mía! Eres como Tirsa, atractiva como Jerusalén e imponente como ejércitos abanderados.

Aparta de mí tus ojos, porque ellos me doblegan.

Tu cabello es como manada de cabras que se deslizan por las laderas de Galaad.

Tus dientes son como rebaños de ovejas que suben del lavadero: que todas tienen mellizos, y ninguna hay sin cría.

Tus mejillas parecen mitades de granada, a través de tu velo.

Hay sesenta reinas, ochenta concubinas y un sinnúmero de jóvenes mujeres.

¡Pero una sola es mi paloma, mi perfecta!

Ella es la única hija de su madre, quien la considera predilecta.

La ven las mujeres y la llaman: “Bienaventurada”.

Las reinas y las concubinas la alaban diciendo:

“¿Quién es aquella que raya como el alba y es bella como la luna, radiante como el sol e imponente como ejércitos abanderados?”.

Al huerto de los nogales descendí, para ver los retoños del valle, para ver si las vides ya han florecido; si han brotado los granados.

Y antes que me diera cuenta, mi alma me puso sobre los carros de mi generoso pueblo.


El rey Salomón, al que está dedicado el Cantar


El amante describe la belleza de su amada, en línea con lo que ha expresado anteriormente: la mujer destaca por su esplendor y se la compara a la ciudad de Tirsa (que fue capital del reino del norte) y de Jerusalén (capital del reino del sur), por sus ojos y otras referencias, que ya ha hecho al comienzo del poema.

La mención a las 60 mujeres y las 80 concubinas es una referencia a la poligamia, que era habitual en las clases dominantes del Próximo Oriente. Pero el amante rechaza la poligamia, subrayando así su amor por su pareja. Estos párrafos revelan que estamos en un momento de afianzamiento de la monogamia en la sociedad judía, o. lo que es lo mismo, de dominio de la mujer por el hombre.

Las hijas de Jerusalén también destacan la belleza de la amante, comparándola con varios astros: sol. luna…

Finalmente, este fragmento termina con el acto sexual entre los amantes (“al huerto de los nogales descendí”)



Hijas de Jerusalén.

¡Vuelve, vuelve, oh Sulamita! ¡Vuelve, vuelve; queremos mirarte!



La amante

¿Qué han de observar en la Sulamita, cuando danza en medio de los dos campamentos?



El amante

¡Qué bien lucen tus pies con las sandalias, oh hija de nobles!

Los contornos de tus muslos son como joyas, obra de las manos de un artista.

Tu ombligo es como una copa redonda a la que no le falta el vino aromático. Tu vientre es como un montón de trigo rodeado de lirios.

Tus dos pechos son como dos venaditos mellizos de gacela.

Tu cuello es como torre de marfil. Tus ojos son como los estanques en Hesbón, en la puerta de Bat-rabim. Tu nariz es como la torre del Líbano que mira hacia Damasco.

Tu cabeza es como el Carmelo, y tu cabellera es como púrpura real aprisionada en trenzas.



Se menciona por primera y única vez el nombre de la mujer, Sulamita, que deriva de un nombre de lugar (Sulam, hoy Solem) cerca del monte Carmelo, o, con mayor probabilidad, viene del nombre de Salomón.

El coro describe la belleza de la mujer: pies, caderas, manos, ombligo, vientre, senos, cuello…



El amante

¡Qué bella y dulce eres, oh amor deleitoso!

Tu talle es como una palmera, y tus pechos como racimos de dátiles.

Pensé: “¡Subiré a la palmera y me prenderé de sus racimos!”.

¡Sean tus pechos como racimos de uvas, y la fragancia de tu boca como de manzanas!

Tu paladar es como el buen vino que corre suavemente hacia el amado y fluye por los labios de los que se duermen.



El amante destaca una vez más la belleza de su amada. El vino (bebida nupcial) representa la alegría por el amor que se profesan.



La amante

¡Yo soy de mi amado, y él me desea con ardor!

Ven, oh amado mío, vayamos al campo.

Alojémonos en las aldeas; madruguemos para ir a las viñas. Veamos si han florecido las vides, si se han abierto sus botones, o si han brotado los granados. ¡Allí te daré mi amor!

Las mandrágoras ya despiden su fragancia, y a nuestras puertas hay toda clase de frutas selectas: tanto frescas como secas que he guardado para ti, oh amado mío.



La mujer declara su amor por su amado. Nueva alusión al acto sexual y a los rituales de fertilidad: salir al campo para contemplar cómo renace la naturaleza.

Las mandrágoras son plantas afrodisíacas.



La amante

¡Oh, cómo quisiera que fueras mi hermano, que mamó los pechos de mi madre!

Así, al encontrarte afuera, yo te besaría sin que nadie me menospreciara.

Yo te llevaría y te metería en la casa de mi madre, y tú me enseñarías.

Y yo te haría beber vino aromático y jugo de granadas.



La amante expresa su deseo de besar a su amado en todo lugar, y por ello indica que le gustaría que fuera como un hermano, para poder llevar a cabo sus anhelos en público. No estaba bien visto que los enamorados mostrasen sus sentimientos públicamente.

El segundo párrafo es una referencia al acto sexual (la alcoba, beber vino…)



La amante

Su brazo izquierdo está debajo de mi cabeza y su derecho me abraza.



El amante

¡Júrenme, oh hijas de Jerusalén, que no despertarán ni provocarán el amor hasta que quiera!



Hijas de Jerusalén

¿Quién es ésta que sube del desierto recostada sobre su amado?



El amante.

Debajo de un manzano te desperté; allí donde tu madre tuvo dolores, allí donde tuvo dolores la que te dio a luz.



La amante

Ponme como sello sobre tu corazón, como sello sobre tu brazo.

Porque fuerte como la muerte es el amor; inconmovible como el Seol es la pasión.

Sus brasas son brasas de fuego; es como poderosa llama.

Las poderosas aguas no pueden apagar el amor ni lo pueden anegar los ríos.

Si el hombre diera todas las riquezas de su casa para comprar el amor, de cierto lo despreciarían.


Los amantes están juntos. Después de hacer el amor, el hombre pide a las hijas de Jerusalén otra vez que dejen descansar a su amada hasta que ella quiera.

La amante compara los celos al “Seol”, que es la región muertos que traga a los hombres sin darles tiempo a que hayan satisfecho sus deseos. Contrapone los celos al poder del amor.