Cantar de los Cantares, poesía erótica en la Biblia



4. Segunda búsqueda del amante



La amante

¡La voz de mi amado! Vedle que llega saltando por los montes, triscando por los collados.

Es mi amado como la gacela o el cervatillo. Vedle que está ya detrás de nuestros muros, atisbando por las ventanas, espiando por entre las celosías.

Mi amado ha tomado la palabra y dice:

"¡Levántate ya, amada mía, hermosa mía, y ven!

Que ya se ha pasado el invierno y han cesado las lluvias.

Ya se muestran en la tierra los brotes floridos, ya ha llegado el tiempo de la poda y se deja oír en nuestra tierra el arrullo de la tórtola.

Ya ha echado la higuera sus brotes, ya las viñas en flor esparcen su aroma. ¡Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven!



Ya ha echado la higuera sus brotes, ya las viñas en flor esparcen su aroma. ¡Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven!


El amante

Palomita mía que te escondes en las hendijas de la peña y en los sitios secretos de las terrazas: Déjame ver tu figura; hazme oír tu voz.

Porque dulce es tu voz y preciosa tu figura.



De nuevo, la amante busca a su pareja en los campos. El amante llega a la casa y la mujer oye sus pasos. Pero la amante no muestra el interés que cabría esperar, porque quiere probar el amor de su pareja. Permanece en cama y no le abre la puerta.

El amante es como la llegada de la primavera, el despertar de la naturaleza, la estación del amor que anuncia la tórtola.



La amante

Atrápemos las zorras, las zorras pequeñas que echan a perder las viñas, pues nuestras viñas están en flor.

¡Mi amado es mío, y yo soy suya!

Él apacienta entre los lirios hasta que raye el alba y huyan las sombras.

¡Vuelve, oh amado mío!

Sé semejante al venado o al cervatillo sobre los montes de las especias.



La referencia a las zorras simboliza la fragilidad del amor.

La amante expresa su deseo de que su pareja se una a ella, pero éste se ha ido, según lo que leemos más adelante.





La amante

De noche, sobre mi cama buscaba al que ama mi alma.

Lo busqué, pero no lo hallé.

Pensé: “Me levantaré e iré por la ciudad, por las calles y las plazas, buscando al que ama mi alma”. Lo busqué, pero no lo hallé.

Me encontré con los guardias que rondan la ciudad y les pregunté: “¿Han visto al que ama mi alma?”.

Tan pronto como pasé de allí, hallé al que ama mi alma. Me prendí de él y no lo solté hasta que lo traje a la casa de mi madre, a la habitación de la que me concibió.



El amante

¡Júrenme, oh hijas de Jerusalén, por las ciervas y por las gacelas del campo, que no despertarán ni provocarán el amor hasta que quiera!



El esposo no está. La mujer le busca por la ciudad y al final lo encuentra.

La referencia a “la alcoba en que me engendró” es una referencia al acto sexual.

El esposo pide a las hijas de Jerusalén que dejen descansar a su amada todo el tiempo que ella quiera.



Las hijas de Jerusalén

¿Quién es aquella que viene del desierto como columna de humo, perfumada con mirra, incienso y todo polvo de mercader?

¡Miren! Es la litera de Salomón. Sesenta valientes la rodean, de los más fuertes de Israel.

Todos ellos ciñen espadas y son diestros en la guerra. Cada uno lleva espada al cinto por causa de los temores de la noche.

El rey Salomón se hizo una carroza de madera del Líbano.

Sus columnas eran de plata, su respaldo de oro, su asiento de púrpura; y su interior fue decorado con amor por las hijas de Jerusalén.

Salgan, oh hijas de Sion, y vean al rey Salomón con la diadema con que lo ciñó su madre en el día de sus bodas, el día en que se regocijó su corazón.



Este fragmento parece no pertenecer al poema original. Seguramente fue añadido por algún copista que de esta forma introduce el nombre de Salomón.