Cantar de los Cantares, poesía erótica en la Biblia



2. Buscando al amante por primera vez



La amante

Soy morena pero hermosa, oh hijas de Jerusalén.

Soy como las tiendas en Quedar o como los pabellones de Salomón.

No se fijen en que soy morena, pues el sol me bronceó.

Los hijos de mi madre se enojaron contra mí y me pusieron a cuidar viñas. ¡Y mi propia viña no cuidé!

Hazme saber, oh amado de mi alma, dónde pastorearás; dónde harás recostar el rebaño al mediodía, para que yo no ande errante tras los rebaños de tus compañeros.



Mujeres judías


La amante pronuncia la célebre frase “soy morena pero hermosa” y, aparte del tinte racista de la expresión, nos cuenta que el color de su piel se debe a que ha estado trabajando en el campo y bajo los efectos del sol.

Las tiendas de Kedar son las tiendas de campaña de los nómadas, que dan buen cobijo a quien entra en ellas (referencia sexual).

El amante está ahora ausente, pero el texto no nos explica por qué, cuando parecía que la amante lo estaba esperando. Se supone que está con los otros pastores, pero la amante no sabe dónde.



Hijas de Jerusalén

Si no lo sabes, oh la más hermosa de las mujeres, sigue las huellas del rebaño y apacienta tus cabritas cerca de las cabañas de los pastores.



El amante

A mi yegua, entre los carros del faraón, te he comparado, oh amada mía.

¡Qué bellas son tus mejillas entre tus aretes y tu cuello entre los collares!

Te haremos aretes de oro con engastes de plata.



Son las hijas de Jerusalén los que indican a la mujer dónde está el amado.

Aparece el protagonista masculino, que describe la belleza de su amada: la compara con el carro del faraón (lo máximo de la riqueza y la ostentación en estos momentos). Destaca partes de su anatomía (mejillas, cuello) y le promete nuevos regalos de oro y plata.