Ampurias. Un poco de Historia



La fundación de Ampurias, 575 a.n.e


La ciudad griega de Ampurias data del año 575 a.n.e., cuando griegos focenses fundaron una colonia con el nombre de Emporión. Venían de otra colonia griega cercana, Massalia, la actual Marsella. Anteriormente, tanto fenicios como etruscos habían estado presentes en estas tierras, antes que los focenses, con igual interés comercial.

Plano general. Arriba, la ciudad romana; más abajo, junto a la costa, la ciudad griega; a la derecha, en el istmo/isla, la Palaiápolis. La ciudad griega de Ampurias data del año 575 a.n.e., cuando griegos focenses fundaron una colonia con el nombre de Emporión.


Focea formaba parte del conjunto de ciudades griegas ubicadas en la costa de la actual Turquía. Sus habitantes se distinguieron por las abundantes colonias comerciales que crearon a lo largo del Mediterráneo. Según Heródoto, los focenses  fueron «los primeros de entre los griegos que utilizaron grandes naves, y descubrieron el Adriático, Tirrenia, Iberia y Tartessos». Y es que en el siglo V a.n.e., los marineros griegos ya comerciaban con Tartessos y las colonias fenicias del sur de España, atraídos por la riqueza de minerales de la zona. La ruta focense en el Occidente del Mediterráneo se iniciaba en Massalia (Marsella, fundada hacia el 600 a.n.e.) y pasaba por Emporión (Ampurias),  Hemeroskopeion (Denia), Alonis (Villajoyosa), Akra Leuké (Alicante) y Mainaké (Málaga). De todos estos lugares apenas quedan restos de la época griega, a excepción de Ampurias, que de esta forma se convierte en el testimonio más antiguo de la presencia griega en la Península. Como vemos, Emporión ocupaba un lugar estratégico en el comercio entre Massalia y Tartessos y entre Massalia y las Baleares.

Plano de Ampurias


“Emporión” significa “mercado” en griego, con lo cual se evidencia la finalidad con que se creó este asentamiento focense. Los comerciantes griegos traían productos manufacturados, como perfumes, cerámica, joyas, tejidos…, así como vino y aceite, y los cambiaban por cereales y metales, de los que en el Mediterráneo oriental había una fuerte demanda. Asimismo, este intercambio comercial aportó novedades importantes en la vida de las tribus indígenas, como el uso de la moneda, la escritura y el torno cerámico.

Foto aérea de Ampurias. En primer plano, la ciudad griega. Emporión ocupaba un lugar estratégico en el comercio entre Massalia y Tartessos y entre Massalia y las Baleares.



La Palaiápolis


La primera instalación focense fue en lo que hoy es Sant Martí d’Empúries. Aquí había un asentamiento indígena, que databa del Bronce Final (siglo IX a.n.e.), con el que establecieron un fluido intercambio comercial. Se trataba de la tribu de los indiketes, que se basaba en una economía agrícola y ganadera de subsistencia y que tenía a la ciudad de Ullastret (actualmente visitable como asentamiento íbero) como su núcleo de población más importante.  Tito Livio nos explica que «Ampurias estaba formada por dos ciudades separadas por una muralla. Una ciudad habitada por griegos de Focea, como los massaliotas, y la otra por hispanos. La ciudad griega, próxima al mar, estaba rodeada por una muralla de menos de 400 pasos. La ciudad hispana, más alejada de la costa, tenía una muralla de 3.000 pasos de perímetro (...) La parte de la muralla que miraba a tierra, bien fortificada, tenía una sola puerta vigilada por un magistrado por turno. Por la noche montaban la guardia en las murallas la tercera parte de los ciudadanos (...).» (Tito Livio, Ab urbe condita).

Esta primera ciudad focense es conocida como la Palaiápolis o ciudad antigua, ubicado en lo que entonces era una pequeña isla junto a la desembocadura de los ríos Ter y Fluvià, ríos que servían de vías comerciales hacia y desde el interior del territorio. Esta isla tenía una hondonada que se podía acondicionar como puerto y así facilitaba los trayectos con Massalia y con el sur peninsular.

En la actualidad, el lugar que ocupaba la Palaiápolis está unido a tierra firme y sobre él se levantó la localidad de Sant Martí d’Empúries, zona poco excavada ya que ha estado habitada con continuidad desde estos momentos  hasta nuestros días. 

Restos del templo a Asclepio, con una reproducción de su estatua. la primera ciudad focense es conocida como la Palaiápolis o ciudad antigua, ubicado en lo que entonces era una pequeña isla junto a la desembocadura de los ríos Ter y Fluvià



La Neápolis


Pocos años después, los griegos crearon un nuevo asentamiento más al sur de la Palaiápolis: la Neápolis o ciudad nueva, que alcanzó una extensión de unas 5 hectáreas. Se había producido un crecimiento demográfico importante, que exigía un nuevo asentamiento. Por “Emporion” se entendía el núcleo urbano que comprendía los dos asentamientos, la ciudad vieja y la ciudad nueva. Estrabón nos lo cuenta: «Los emporitanos habitaban antes una islita delante de la costa que hoy se llama Palaiápolis, pero hoy viven ya en la tierra firme. Emporion es una ciudad doble, estando dividida por una muralla, teniendo antes, como vecinos, algunos indiketes (...). Pero con el tiempo se unieron en un solo estado, compuesto de leyes bárbaras y griegas, como sucede también en otras muchas ciudades» (Estrabón, Geografía).

Tras la fundación de la Neápolis, la Palaiápolis queda como acrópolis (fortaleza y templo). Estrabón nos habla de un templo dedicado a Artemisa.

El ágora o plaza pública griega. La Neápolis o ciudad nueva, que alcanzó una extensión de unas 5 hectáreas


A partir de este momento, Ampurias se va convirtiendo en uno de los principales centros de comercio del Mediterráneo occidental. Tito Livio, en “Historia de Roma” nos explica que «la salida al mar de Ampurias estaba abierta para todos. El motivo era que los íberos, ignorantes de la navegación, se alegraban del comercio y deseaban comprar mercancías extranjeras que las naves transportaban, y vender los productos de sus cosechas. El interés del comercio hacía que la ciudad íbera fuese accesible a los griegos».

A finales del siglo VI a.n.e. nuevos contingentes de población pasan a residir en Ampurias procedentes de Alalia (Córcega). La colonia de Alalia era una pieza fundamental en las rutas del comercio griego en el Mediterráneo occidental, donde competían con cartagineses y etruscos.

Cuando la ciudad de Focea, en Asia Menor, es conquistada por el persa Ciro II en el 546 a.n.e., los foceos marchan a Alalia, en Córcega, donde siguen desarrollando su actividad comercial. Una alianza de cartagineses y etruscos da lugar a la batalla de Alalia en el 535 a.n.e. y los foceos, derrotados, han de emigrar a Massalia y a Emporión.

En el siglo IV a.n.e. Ampurias acuñaba moneda, lo que demuestra su poderío económico. Al principio eran monedas sin inscripción; luego, con las letras EM (dos primeras letras de “Emporión”), y a finales de siglo aparece la figura de un caballo siguiendo el modelo cartaginés y más tarde un Pegaso en el reverso y la cabeza de Aretusa en el anverso.

Monedas. Ampurias fue uno de los principales centros de comercio del Mediterráneo occidental



La ciudad romana


Ampurias fue aliada de Roma en la Segunda Guerra Púnica. Los cartagineses, en guerra con los romanos, constituían un fuerte competidor para los comerciantes ampuritanos; la economía de Ampurias se estaba resintiendo de la actividad depredadora cartaginesa en la Península y de su dominio en el Mediterráneo occidental. "La segunda guerra púnica fue el segundo gran enfrentamiento militar entre las dos potencias que entonces dominaban el Mediterráneo occidental: Roma y Cartago. La contienda se suele datar desde el año 218 a. C., –fecha de la declaración de guerra de Roma tras la destrucción de Sagunto–,hasta el 201 a. C. en el que Aníbal y Escipión el Africano acordaron las condiciones de la rendición de Cartago." (Wikipedia)

Muralla y entrada a la ciudad romana. Ampurias fue aliada de Roma en la Segunda Guerra Púnica.


Los romanos llegaron a la ciudad en el 218 a.n.e. Su puerto fue el lugar de desembarco de las tropas dirigidas por Escipión el Africano en la Segunda Guerra Púnica contra los cartagineses.  Se trataba de cortar los suministros de retaguardia a Aníbal, que entonces había llegado a Italia con su ejército y estaba poniendo en peligro la supervivencia de Roma. 

Tito Livio dice que: «Mientras estas cosas ocurrían en Italia, Cn. Cornelio Escipión, enviado a Hispania con una escuadra y un ejército, zarpó de las bocas del Ródano y doblando los montes Pirineos abordó en Ampurias. Desembarcó allí el ejército, y empezando por los lacetanos, sometió a Roma toda la costa hasta el Ebro, unas veces renovando alianzas, otras estableciéndolas.» (Tito Livio, Ab Urbe condita).

Domus de los mosaicos, casa de la aristocracia ampuritana. Los romanos llegaron a la ciudad en el 218 a.n.e. Su puerto fue el lugar de desembarco de las tropas dirigidas por Escipión el Africano en la Segunda Guerra Púnica contra los cartagineses. 


Un nuevo desembarco se produjo en el 195 a.n.e., cuando llegó Marco Porcio Catón y entre 52,000 y 70,000 soldados para sofocar la insurrección generalizada de las tribus de Hispania, que se habían rebelado ante los impuestos abusivos a que les habían sometido los invasores romanos. En Ampurias tuvo lugar una batalla decisiva que decantó la balanza del lado romano.

Del primitivo campamento militar romano se pasaría a la construcción de una ciudad a partir del año 100 a.n.e. un poco más al interior del núcleo griego y en una posición un poco más elevada, dotada de todos los elementos característicos de las urbes romanas: muralla, termas, foro, anfiteatro, templos, casas señoriales… . De esta forma, Ampurias se convirtió en una excelente puerta de entrada en Hispania para los ejércitos romanos. 

Desde Ampurias se protegía la ruta comercial que venía de Italia y, como en otros puntos de la Península, se garantizaba la explotación y el saqueo de las riquezas de Hispania.

Foro de Ampurias. Del primitivo campamento militar romano se pasaría a la construcción de una ciudad a partir del año 100 a.n.e.


Julio César colocó en Ampurias a los soldados veteranos de las legiones en el 45 a.n.e. Ello fue a raíz de la guerra civil entre César y Pompeyo, en la que Ampurias tomó partido por este último, que acabó derrotado. En represalia, César liquidó la independencia de Ampurias y la convirtió en colonia de veteranos. El enfrentamiento entre César y Pompeyo fue una guerra civil en la República romana, en el que salió victorioso el primero. Tras ser asesinado César a su vuelta a Roma, se abrió otro periodo de guerras intestinas de las que emergió la figura de Augusto como primer Emperador romano, liquidando la República.

Con Augusto (27-14 a.n.e.) la situación cambió: todos los núcleos habitados existentes (ciudad griega, ciudad romana, asentamiento íbero) se consideraron uno solo con el nombre de Municipium Emporiae y se concedió a los griegos y a los indígenas -todos ellos ya muy romanizados- la ciudadanía romana. Los dos núcleos griegos y el romano quedaron unificados en la práctica, con la preponderancia de este último.

Mosaico de una casa romana: Ifigenia en Áulide. Augusto concedió la ciudadanía romana a los habitantes de Ampurias. 


La ciudad romana se extendía por 22,5 hectáreas, siguiendo el esquema de dos calles centrales que se cruzan, el “cardus” y el “decumanus”, en un rectángulo de 750 x 350 metros. Decumanus Maximus era la calle central este-oeste, siguiendo  la línea que trazaban los augures en la fundación de una ciudad.; el Cardus Maximus era la calle central norte-sur. 

El momento de mayor esplendor  de Ampurias llegó con los romanos,  entre el siglo I a.n.e. y el  hasta el último cuarto del siglo I de nuestra era (época flavia). Fue una época de brillantez económica y comercial y grandes transformaciones urbanísticas. Esta importancia como ciudad se revela en que los patronos eran habitualmente estrechos colaboradores de los emperadores, como Domicio Calvino, que había dirigido a los ejércitos que derrotaron a Pompeyo en Farsalia (48 a.n.e.), o Agripa (18 a.n.e.), yerno de Augusto.

Ampurias acuñaba moneda propia. Sólo se ha excavado el 20% de toda su extensión.

Linternas de cerámica, excepto la central de arriba que es de bronce. El momento de mayor esplendor  de Ampurias llegó con los romanos,  entre el siglo I a.n.e. y el  hasta el último cuarto del siglo I de nuestra era



Ampurias entra en declive


A partir del siglo II Ampurias entra en crisis. Otras ciudades del Imperio Romano, como Girona (Gerunda), Barcelona (Barcino) o Tarragona (Tarraco) le tomaron la delantera. A finales del siglo III la Neápolis es abandonada; sólo se sigue utilizando en alguna zona como cementerio.

A partir del siglo IV Ampurias estaba habitada sólo en la Palaiapolis (la actual Sant Martí d’Empúries), debido a que se encontraba mejor fortificada que el resto de asentamientos, aunque la ciudad romana mantuvo alguna población hasta el siglo IX, ya que tras una invasión normanda hubo de ser abandonada por falta de seguridad. Aún en el 935 la ciudad sufrió el ataque de una escuadra musulmana procedente de Almería. Todos estos abandonos, por otra parte, han permitido una buena conservación de los restos arqueológicos que hoy podemos contemplar.

Mosaico de casa romana. A partir del siglo IV Ampurias estaba habitada sólo en la Palaiapolis


Cartel informativo: "Durante la Antigüedad tardía, se ocupa el área de Santa Margarida, a la orilla del antiguo estuario. Las excavaciones han confirmado que este nuevo asentamiento cristianizado crece en torno al conjunto episcopal. Sobre los restos de la basílica y del baptisterio, se construirán más adelante diversas capillas. Una de las tumbas singulares del baptisterio presenta una lauda de mosaico con esta fórmula en latín: “Goza el espíritu que se alegra en Cristo”. Se desconoce el nombre de la persona a quien está dedicada, pero es probable que se trate de un personaje destacado, quizá uno de los obispo emporitanos que asisten a los concilios."

Desde muy temprano en la Edad Media, Ampurias fue sede episcopal y, a partir de la conquista carolingia del norte de la actual Catalunya en el 785 (que daría origen a la Marca Hispánica), fue sede del condado del mismo nombre. La Marca Hispánica es el conjunto de territorios al sur de Los Pirineos (desde Pampllona hasta la actual Catalunya) conquistados por Carlomagno a finales del siglo VIII para hacer de barrera entre el imperio carolingio y la España dominada por los musulmanes.

En el siglo XI los condes trasladaron su sede a Castelló d’Empúries. En el siglo XVI Ampurias era una población de pescadores, que fundaron la villa de l’Escala.

Hoces de vendimia de hierro. Desde muy temprano en la Edad Media, Ampurias fue sede episcopal y, a partir de la conquista carolingia del norte de la actual Catalunya en el 785 (que daría origen a la Marca Hispánica), fue sede del condado del mismo nombre




Las excavaciones


Las excavaciones comenzaron en 1908, aunque alguna excavación previa se había realizado a finales del siglo XVIII. Por iniciativa de la Junta de Museos de Barcelona, Puig i Cadafalch trabajó el yacimiento desde 1908 hasta 1936, con el comienzo de la Guerra Civil. El trabajo de campo corrió a cargo de Emili Gandia. Los diarios de este último son de tal calidad que se han utilizado por todos los arqueólogos que le han sucedido.

Josep Puig i Cadafalch​ (1867-1956) fue arquitecto, historiador, matemático y político. Como arquitecto está considerado uno de los más importantes del modernismo catalán. Fue presidente de la Mancomunidad de Cataluña entre 1917 y 1924. Apoyó el gope de estado de Primo de Rivera en 1923. Se exilió al estallido de la guerra civil española, pero regresó en 1942.

Por iniciativa de la Junta de Museos de Barcelona, Puig i Cadafalch trabajó el yacimiento desde 1908 hasta 1936


Tras la Guerra Civil 1936-1939 se abre un periodo muy negro. El arqueólogo- director fue Martín Almagro Basch, que estaba al mando, para los trabajos, de presos republicanos, unos 150 hombres. Se trataba de trabajos forzados, realizados en condiciones muy penosas y con abundantes castigos disciplinarios y humillantes, con unas condiciones de vida en alojamientos insalubres y pésima alimentación. En no pocos casos, los habitantes de l’Escala hacían  llegar alimentos a estos soldados republicanos.

Tras la Guerra Civil, para los trabajos de excavación se recurrió a presos republicanos en unas condiciones de vida humillantes y muy penosas.


Cartel informativo: “LOS BATALLONES DISCIPLINARIOS EN LAS EXCAVACIONES DE AMPURIAS (1940-1942). Durante la reanudación de las excavaciones arqueológicas en Empúries en los años inmediatamente posteriores al fin de la Guerra Civil y al inicio de la dictadura franquista se recurrió al trabajo de batallones disciplinarios de prisioneros de guerra. Estas unidades de soldados del ejército republicano, destinadas en aquel momento sobre todo a la reconstrucción de las infraestructuras destruidas durante el conflicto, sirvieron también, en este caso, como trabajadores forzados para continuar el descubrimiento de la muralla sur de la ciudad romana y también a otros lugares del yacimiento y llegaron a ocupar hasta unos 150 hombres. Bajo la supervisión de los encargados del museo y la vigilancia de soldados y oficiales al cargo del batallón, las condiciones de trabajo eran muy duras y se acompañaban de castigos frecuentes. A esto se añadía la precariedad y la insalubridad del alojamiento y una alimentación deficiente, hasta el punto de motivar frecuentes gestos de solidaridad por parte de los habitantes de l’Escala. Con la instalación de este panel se quiere rendir homenaje a los soldados de aquellas unidades disciplinarias que, con su labor realizada en circunstancias lamentablemente muy penosas y humillantes, fueron también partícipes del largo proceso de descubrimiento arqueológico de la antigua Empúries.”

Para los presos republicanos las condiciones de trabajo eran muy duras y se acompañaban de castigos frecuentes. 


A partir de 1965 la dirección de las excavaciones recayó en Eduard Ripoll, hasta 1981, cuando Enric Sanmartí pasó a dirigir los trabajos hasta nuestros días.