Románico del Cerrato y los Alcores, Palencia


Dueñas, Monasterio de San Isidro



Un poco de Historia: el primer monasterio cluniacense de España


En la zona quedan los restos de dos asentamientos romanos de los siglos I y IV. Por aquí pasaba la calzada que iba a de Palencia a Léon.

Parece ser que en tiempos de los visigodos, en el siglo VII, ya se levantó un monasterio con la advocación a San Martín de Tours, que era una comunidad femenina que constituía el complemento a otro monasterio masculino en la zona, el de San Juan Bautista; hay referencia documental de este cenobio en el 611. Ambos monasterios fueorn destruidos por los musulmanes al poco de su llegada a la Península en el 711. Aunque se pusieron en marcha obras de reparación de los daños y se reanudó la vida monástica, una razzia musulmana en el 884 lo dejó todo de nuevo en ruinas. Se cuenta que la abadesa Esmeragda y las monjas fueron asesinadas por los árabes y sus cadáveres arrojados al río.


San Isidro. Parece ser que en tiempos de los visigodos, en el siglo VII, ya se levantó aquí un monasterio.

Con Alfonso III de Asturias (866-910) se abrió una nueva etapa, con la restauración de los edificios que habían sufrido el ataque islamita. Pronto se convirtió el Monasterio de San Isidro en uno de los más importantes del Reino de León en los siglos X y XI, recibiendo grandes donaciones del monarca y de particulares. El cenobio estuvo formado por monjes catalanes, con el abad Durand al frente, y también monjes de Córdoba, donde la convivencia con los árabes se había enrarecido sobremanera. En esta primera fase los abades eran elegidos por los monjes cada 4 años.

Pero la reforma cluniacense cambió las cosas. Alfonso VI en 1073 donó el monasterio a Cluny para llevar a cabo la reforma religiosa que se propugnaba desde el Papado. El de San isidro fue el primer monasterio cluniacense de España y de esta forma llegó a ser el monasterio benedictino más importante durante unas décadas. El rito visigodo fue sustituido por el romano. El abad ya no era elegido, sino que era el que Cluny creía conveniente.

Se reformaron los edificios en estilo románico, con una iglesia en el centro del monasterio, tal como ha llegado a nuestros días. De la etapa románica nos ha quedado en la actualidad el exterior de la iglesia, la portada, el cimborrio y la cabecera. Es uno de los templos más antiguos del románico español.


Con Alfonso III de Asturias (866-910) restauración el monasterio tras la razzia musulmana del 884


La reforma cluniacense es un movimiento de renovación eclesiástica que se originó a finales del siglo X en el monasterio de Cluny (Francia) y que transformó la vida religiosa de toda Europa.

Era un momento en que las iglesias y demás centros religiosos normalmente  dependían de los nobles de cada lugar, que nombraban a los abades entre sus parientes y se quedaban con las rentas que exigían a los campesinos. 

La reforma cluniacense trataba de implantar la autoridad de las autoridades católicas en sus centros religiosos y, sobre todo, en el patrimonio que éstos poseían, así como reforzar la religión católica frente a los restos de matriarcado y paganismo que aún pervivían en Europa. EN el aspecto religioso, el objetivo era restaurar la vida monástica tradicional, centralizando la autoridad y haciendo cumplir las normas.


Capiteles de la portada, con motivos vegetales

En el siglo XIV se inició una etapa de decadencia, como en otros muchos centros religiosos de nuestro país. Son momentos de crisis económica, estragos causados por la Peste Negra y revueltas políticas. También influyó decisivamente el que los monjes vivían en una alarmante relajación de costumbres.

Los Reyes Católicos, en la segunda mitad del siglo XV, restauraron los edificios y, en 1478, separaron a San Isidro de Cluny y lo pusieron bajo la dependencia de San Benito el Real de Valladolid. Comenzó una etapa de prosperidad, en la que los abades eran de nuevo elegidos por los monjes.

Pero en 1604 se produjo un pavoroso incendio. Las obras de restauración que siguieron, en estilo clasicista, configuraron el monasterio tal como lo contemplamos hoy.

La ocupación francesa en 1808, en la Guerra de la Independencia, marca un momento muy negativo. Los monjes fueron expulsados y las dependencias monacales se convirtieron en cuartel. Finalmente, las tropas francesas provocaron un incendio en el que desaparecieron varias reliquias, entre ellas las de san Isidro. Estas reliquias se conservaban aquí desde el siglo X, donadas por García I. El documento de donación es la primera mención escrita de este cenobio.

Con la Desamortización de Mendizábal en 1835 los monjes fueron exclaustrados y el monasterio quedó en abandono hasta 1890, cuando fue comprado por una orden monacal francesa.

La advocación del monasterio a San Isidro se produjo en el siglo X, cuando llegaron las reliquias del santo. San Isidro es el santo protector de los campos. Se atribuyeron muchos milagros a sus reliquias, lo que atrajo a numerosas peregrinaciones. Era costumbre que la gente pasara agua por la reliquia y luego vertiera el líquido elemento en sus campos. También se creía que san Isidro era un buen antídoto contra el gusano “coco”, que afectaba a viñas y plantíos.

El Monasterio de San Isidro es popularmente conocido como Monasterio de la Trapa por una receta propia de elaboración de chocolate, que adquirió gran fama.


Capiteles de la portada. El de la derecha es que representa a la avaricia y la lujuria.


El templo: los capiteles de la portada


Se trata de un templo románico, muy relacionado con San Martín de Frómista. Ha sufrido grandes reformas en el siglo XVII, después del asolador incendio, obras que modificaron la mayoría de los edificios que lo componían.

En el exterior destacaremos, en estilo románico, la torre, el cimborrio y los tres ábsides semicirculares, que no presentan decoración alguna.

La portada ha sido muy reformada, pero aún se observan las huellas del Románico. Tiene 5 arquivoltas, con capiteles vegetales, geométricos y figurados: la avaricia (hombre con la cuerda al cuello) y la lujuria (mujer con los pechos mordidos por serpientes).

El interior, como todo el monasterio, quedó muy modificado tras la restauración del siglo XVII.


Capitel del avaro, con la cuerda al cuello


Cartel informativo: “El monasterio de San Isidro de Dueñas se encuentra en la confluencia de los ríos Carrión y Pisuerga, en el término municipal de Dueñas, ciudad palentina llena de historia y de arte por su relación con los Reyes Católicos que fueron acogidos en el palacio de los condes de Buendía. La ciudad debe su nombre al antiguo Castrum Domnas: Dueñas.

“La fachada de su iglesia románica, con antiquísimas torres defensivas (una de ellas desaparecida) y llena de remiendos, es muy probable que se construyera con los restos del Castrum defensivo donde habitaban las monjas o domnas. La posterior puerta de acceso al templo de finales del siglo XI, contrasta con el resto del edificio, de estilo herreriano, que se construyó a raíz del incendio que devastó el monasterio en 1604.

“(…) El documento más antiguo que se conoce del Monasterio de San Isidro e un privilegio de García I, rey de León, otorgado el 15 de febrero de 911 a favor del abad Oveco y a sus hermanos, concediéndoles posesiones y pidiéndoles que observaran la regla de San Benito.

“Aunque el origen de este monasterio se remonta al siglo VII, cuando en este lugar existía un “Castrum Domnas” habitado por un grupo de vírgenes consagradas bajo la titularidad de San Martín de Tours, las cuales, junto con su abadesa Esmaragda, perecieron muy probablemente en el año 845, durante una incursión musulmana ocurrida “in rio Donna, in Castro Donna” en tiempos del rey Ordoño I.


Capitel de la lujuria, con la mujer a la que las serpientes muerden sus pechos. En otro contexto, se podría entender como la lactancia de la Madre Tierra, que confiere el don de la elocuencia y el de la sabiduría. Entre los alquimistas, la "leche de la Virgen" es el agua mercurial, elemento esencial en el proceso alquímico. Basile Valentín: "Cuando la piedra está hecha y preparada con verdadera leche de la Virgen, toma una parte de ella y hace puro y excelente oro". 

“No lejos de este hábitat románico se sitúa Villaposídica, enclave romano que pudo estar ligado a la fundación del Castrum. Esta villa romana fue donada a los monjes por el rey Fernando I en 1053. Sus magníficos mosaicos del siglo III hallados en la zona de los baños, indican que la villa debió pertenecer a algún personaje principal. Es muy posible que la villa tomara el nombre del río Pisuerga (Pisórica), que transcurre por sus inmediaciones.

Durante la época visigótica existió en este contorno lo que se denominaba un “monasterio dúplice”: las monjas en el Castrum de San Martín y los monjes en San Juan de Baños (importante iglesia visigoda dedicada por el rey Recesvinto el año 663 y situada en la cercana localidad de Baños de Cerrato, a unos cuantos kilómetros de este lugar).

“Desaparecidas las monjas por la invasión musulmana, Alfonso III (866-910) restauró el monasterio y lo cedió a los monjes que procedían de Córdoba huyendo de la dominación islamita. Su hijo, el rey Don García (+914), gran bienhechor del monasterio como lo fue su padre, devolvió al lugar las insignes reliquias de san Isidoro mártir que pudieron ser salvadas de las razias musulmanas. Es muy probable que se deba a los domnas la llegada de las reliquias del patrón del monasterio, San Isidoro de Quíos, mártir alejandrino, que murió decapitado en el año 251 durante la persecución del emperador Decio. Su fiesta se celebra el 14 de mayo.

“La devolución de las reliquias de san Isidoro provocó el cambio de la titularidad del monasterio pasando de denominarse San Martín de Tours a San Isidoro (o Isidro) de (las) Dueñas, si bien durante los primeros años de su fundación y hasta el siglo XI las donaciones por parte de los reyes castellano-leoneses se dirigían al monasterio bajo la doble titularidad de San Martín y San Isidoro.

“La pequeña iglesia de San Martín de Tours, de construcción visigoda como la de San Juan de Baños, permaneció en pie hasta el siglo XIX siendo parroquia del contorno jurisdiccional eclesiástico del Coto de San Isidro de Dueñas.

“Con las leyes anticlericales de Mendizábal y la desamortización eclesiástica (1835), desapareció la comunidad benedictina que habitó este lugar durante siglos. Los inicios de la vida cisterciense en San Isidro de Dueñas se sitúan a final del siglo XIX, ligados a tres nombres: Dom Cándido Albalat y Puigcerver, natural de Xátiva (Valencia), abad del monasterio francés de Sta. María del Desierto (Toulouse-Francia); D. Manuel Tabernero y su yerno D. Juan Antonio Sánchez del Campo.

“Cuenta la crónica que en un viaje, quizá en octubre de 1890, que efectuaban estos tres personajes buscando lugar para la fundación de un monasterio, cuando el tren decimonónico que los llevaba pasó delante de la fachada del abandonado monasterio de San Isidro. Dom Cándido exclamó. “He aquí lo que llenaría plenamente mis deseos”… Fue un dicho proverbial y lo más seguro que en apariencia intrascendente… pero fue la intuición que llevó a la familia salmantina de los Sánchez-Tabernero, a adquirir este viejo inmueble un 25 de octubre de 1890.

“Recibida la noticia de la compra de este monasterio, Dom Cándido, con grata impresión, firmó el documento fundacional que señala el comienzo de la historia documentada de vida cisterciense en San Isidro de Dueñas, orden que actualmente sigue habitando estos muros, desde el 19 de marzo de 1891.”


Desde el siglo IX era un monasterio masculino, pero el origen se remonta al siglo VII, cuando en este lugar existía un “Castrum Domnas” habitado por un grupo de vírgenes.


PERIODO CLUNIACENSE

“En el 1073 el rey Alfonso VI donó al monasterio benedictino de Cluny (Francia) el monasterio de San Isidro de Dueñas, convirtiéndose en uno de sus prioratos.

“Se inició así el periodo cluniacense de este monasterio que duró cuatro siglos, hasta su incorporación a la Congregación de San Benito el Real de Valladolid, con la ayuda de los Condes de Buendía y por los mismos Reyes Católicos en el siglo XV, en 1478.

“En el siglo XI nace Cluny en Francia, que llegó a constituirse en una de las órdenes monásticas más decisivas en la historia de todo Occidente. Desde el primer momento fundacional la Orden de Cluny consiguió una absoluta independencia respecto de cualquier poder laico o eclesiástico. El abad Bernon obtuvo el vasallaje exclusivo al Papa de Roma organizando una estructura feudal ad intra, perfectamente jerarquizada y al mismo tiempo apoyando ad extra el desarrollo de una sociedad feudal, con la que supo mantener buenas relaciones con nobles y obispos, a pesar de su inmunidad frente a ellos.

“El siglo XI fue el de máximo esplendor para la Orden, y en ello intervino la extrema longevidad y estabilidad de los mandatos de los dos abades que abarcaron todo el siglo XI. Nos referimos al abad Odillón (994-1049) y a Hugo el Grande (1049-1109). En este tiempo la abadía de Cluny llegó a contar entre 400 y 700 monjes y extendía su absoluto poder sobre 850 casas en Francia, 109 en Alemania, 52 en Italia, 43 en Gran Bretaña y 23 en la Península Ibérica, agrupando a más de 10,000 monjes, sin contar con su innumerable personal subalterno.

“La influencia de los monjes cluniacenses en España se puede describir en torno a tres puntos esenciales: su presencia en torno al Camino de Santiago, haciendo de las peregrinaciones el gran motor de la evangelización durante el siglo X y XI; la abolición del rito mozárabe a favor del rito romano, que unificó la liturgia y la celebración de la fe; la fundación de monasterios apoyados por los reyes de León: San Zoilo en Carrión de los Condes, San Benito en Sahagún y San Isidro de Dueñas.”